“Lo que la canción pida”: una conversación con Las Abejas

Por alguna extraña razón, catalogar las bandas de la escena independiente en Puerto Rico en géneros musicales específicos puede ser un poco difícil. La diversidad de influencias, o el hecho de que la mayoría de las bandas locales comparten un espacio tan limitado, hacen que sus canciones tengan un sonido particularmente ecléctico, diverso, pero a la vez, notablemente reconocible y coherente a base de sus respectivas referencias. Las Abejas, quienes este próximo viernes 18 de marzo lanzarán su nuevo álbum epónimo (Dead Mofongo Records), quizás es una de las bandas de la escena que mejor refleja la tendencia a no aferrarse a un género musical singular. Más bien, atraviesan una variedad de sonidos, para así componer canciones que puedan hacerle la vida imposible a cualquier fanático de música que quisiera catalogar su colección un domingo por la tarde.

Para éste, su tercer disco, dicha descripción no puede ser más cierta. “Si no te defines en un estilo en sí, puedes expandirte para todos esos lados después, por qué no te estás restringiendo a algo, that one one sound”, nos explica Jorge, cantante y segunda guitarra del cuarteto. “No hay una canción que tiene que ver tanto con la otra.” Sea post-punk, shoegaze, indie pop riffs o heavy rock, Jorge describe el uso de diversas referencias como “lo que la canción pida”, respectivamente. “Es usar esa referencia; no los acordes de esa referencia”, añade Cristian, primera guitarra y mecánico de overdubs y sonidos análogos. “Lo único que teníamos antes de entrar a grabarlo, era que no queríamos el mismo sonido de batería. Queríamos la batería que sonara más live, y las guitarras más presentes. Hacer literalmente lo contrario que hicimos en Lazy Views, que era compactarlo. Este disco tiene el liveness del show.” Si alguna vez han visto a Las Abejas en vivo, esta última declaración debería despertar una sonrisa en tu cara. La saturación de sonidos, de empezar con un riff y de repente explotan los feedbacks, los reverbs, la batería intensifica el ritmo, y luego vuelve al riff de la guitarra, hacen sin duda una experiencia en vivo sumamente satisfactoria. Personalmente, me encanta cuando las grabaciones son hechas en una toma, o que el nivel de improvisación y espontaneidad en el estudio simule dicha experiencia. “El proceso de grabarlo fue súper chévere,” dice José Ivan, baterista del cuarteto. “No todas las canciones fueron one take.” Jorge añade, “pero tenían el live feel de one take.”

Parece que la banda logró este live feel al utilizar su tiempo en el estudio para no solo grabar, pero para también componer y montar todas las canciones, dándole ese sentimiento de espontaneidad, pero a la vez sonando “bien pensado”. Cómo lo explica Cristian, “era como, ‘vamos a aprovechar las horas del estudio.’ Las canciones que están en el disco son los takes que nos gustaron, que quedaron [al momento]. Habían canciones que José no se sabía enteras ni yo; que las montamos, y ahí las terminamos.” “Boo,” la canción más larga del disco, es en la cual más se nota esta técnica. “Eso fue súper nuevo,” explica Jorge, “como las letras fueron hechas [también] ahí mismo.”

Aunque la espontaneidad de componer canciones al momento pueda sonar como si se tomara algún menor esfuerzo, dicho pensamiento en el proceso de hacer este disco no puede estar más alejado de la realidad. Volviendo a “Boo”, Jorge cuenta como “en el momento, se tardó como dos o tres días […] y después le grabamos unas guitarras acústicas, que es la primera vez que hay guitarras acústicas sonando en un disco de Las Abejas.” “Boo” demuestra la complejidad, el trial and error, que requiere montar canciones como conjunto en el mismo estudio. 

La madurez y enfoque no solo está presente en los instrumentos, también en las letras. Aparte de “Boo”, y a diferencia de canciones en discos previos, el resto de las canciones parecen estar en un lado más introspectivo. En vez de inventarse papelones, o exponer el punto de vista de alguna perspectiva ajena, “este es al revés”, dice Cristian. “Es como comportamiento nuestro. Hay hostilidad, hay bipolaridad, hay sentimientos, hay personalidad, hay crítica.” “Bones”, por ejemplo, cuya música Jorge la compuso en el 2008, pero la letra la compuso para este disco, parece haber sido la más impactante para la banda. “‘Bones’ es una canción bien vieja,” dice José Iván, “y es de las canciones más heart-felt.” “Esa sí es totalmente personal”, añade Jorge. “Sí, en esa yo todavía estaba badripeando.” “Hay un sense de tranquilidad”, dice Cristian. “De que todo está bien, y a lo último, cuando explota, es como el cielo, es bien cristalino todo. Yo no sé en verdad como la gente va a reaccionar”. “Tiene closure,” continua Jorge. “Lo estás procesando en esa canción, pero ya [cuando] tienes ese procesamiento, ya lo puedes soltar.”

Lograr obtener algún sentido de catarsis, el embudar emociones hacia ciertos acordes y letras para así servir al proceso de sanación, es precisamente el poder que puede tener una buena canción. El sentido de madurez, de hacer, como dice Jorge, “algo más serio,” entonces es demostrado por un conocimiento aparentemente concebido por un impulso orgánico, en el momento, altamente intrincado y personal. “Tener La Colmena [su estudio de ensayo], nos ayuda mucho,” cuenta José Iván, “a conocernos más como músicos, porque nunca habíamos tenido tanto espacio como para poder ensayar tanto. Y ahora está Kevin también, so hay dos expresiones de guitarra.” “Ahora [con Kevin]”, continúa Cristian, “Estamos entrando en esa fase bien no wave, que son… fucking freakouts. Bug out music. No estamos tratando de enseñar nuestros skills para nada. Están llegando a un punto que estamos más libre.” “Pero siempre ha sido así”, aclara Jorge. “Siempre hemos trabajado para la canción. Nunca hemos sido una banda de mostrar… virtuosidades, jajaja”

Puedes escuchar más de Las Abejas en su Bandcamp.

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