Lo que encontré en Tintero, feria de arte independiente

El pasado sábado 19 y domingo 20 de marzo se celebró el festival de arte y cómics Tintero en la Casa Cultura Ruth Hernández, en Río Piedras. Creado en el 2007, Tintero ha sido sede para un mercado de arte estrictamente independiente, dejando atrás el aura de pretensión y aclamo institucional que usualmente acompañan otras llamadas “ferias de arte”. Claro, los cómics, mini-cómics y todo tipo de print relacionado con el DIY cómo pines, afiches, postcards, t-shirts, tote bags y zines nunca han pretendido tomar parte del “buen gusto” del coleccionista de arte de galerías, pero en mi opinión, si estamos hablando de una feria de arte, este me tiene mucho más sentido. Si se va a llamar “feria de arte”, entonces debe consistir por algún mérito de la autogestión artística, y no su apropiación por parte de diferentes galerías compitiendo entre ellas en un mismo espacio por los chavos de gente rica. El público que asiste a ferias como Tintero, mayormente joven y por lo tanto, los más afectados por una economía en las pérdidas, parece aprovechar un espacio donde pueda consumir piezas de arte sumamente satisfactórias a precios módicos. Este año, dicha satisfacción pareció alcanzar, por ahora, su nivel más alto. La calidad del material expuesto, y sin mencionar el número de artistas exponiendo y la cantidad de personas presentes, pareció dejar claro que el consumo no es tan monopolizado como nos quisieran hacer pensar. Aquí algunas de las cositas que conseguí:

Días Cómics por Rosaura Rodríguez y Omar Banuchi:

Dias

Esta edición, titulada “Los días de otros”, consiste de una compilación de lo que parece ser ilustraciones de historias de amigas y amigos de Rodríguez y Banuchi. La usual cotidianidad y anécdotas, llenas de humor e introspección que componen otras ediciones de Días sigue presente en esta edición especial, aunque me atrevería a decir que hasta un poco más presente. La memoria, las relaciones personales, al igual que el ilustrar el entorno de ciudad puertorriqueña, como vecindarios y pensamientos existenciales en paradas de guaguas, parece ser el foco común entre todas las diferentes historias. Aparte de las usuales de Banuchi y Rodríguez, sus amigos aportaron a hacer un Días, pero en esteroides.  

 

Ladies, Ladies por Mónica Parada:

 

Ladies Ladies

Este mini-cómic cuenta la vida de Little Susie, empezando con su realización de nunca haber pensado en ser objetificada por hombres. Esta toma de partida parece establecer a este personaje como un reflejo general del badtrip que pasa toda mujer en algún punto en sus vidas. El darse cuenta que la vida de una mujer es basada en la mirada o las diferentes expectativas del hombre es ilustrada en el rostro de Susie, lo cual cuenta los años de haber pasado bajo dicho dictamen, pero también, bajo una agencia personal, de retomar el cuerpo de la mujer demostrando una vida vivida al máximo. La última viñeta, por otro lado, parece desmantelar esta común noción de aceptar cínicamente el patriarcado para así retomar un poco de agencia. Esta termina con Cindy Lou, niña quien tenía “grand, evil plans for the future”, así señalando un pensamiento más radical, parecido a la tercera ola feminista de “pal carajo el patriarcado” en formar las vidas de las mujeres. Este último demuestra un planteamiento libre de cinismo, si no más bien uno de optimismo hacia el futuro de las niñas de hoy día. La niña se da cuenta lo más temprano posible que tiene que derrumbar lo que todas las mujeres antes que ella no tuvieron más opción que aceptar como juego, de la manera que fuese.  

 

Rondy & Compañía por Ivelisse Colón Nevárez:

 

Rondy

Otro mini-comic por una mujer artista, que parece haber sido influenciado por la edad de oro de cómics de los 1930 y 1950. Este cuenta de un caballo de carreras, quien es el más rápido en su establo, pero quien no sigue los renglones o expectativas que conlleva su “trabajo”. La última viñeta cuenta cómo a pesar de ser irresponsable, “cuando quiere hacer las cosas bien, obtiene la mejor de las victorias”. Asumí su historia como una metáfora al artista, en especial al joven artista, quien no siempre cuenta con seguir las reglas a la hora de demostrar su talento. La moraleja parece ser una de entendimiento y paciencia, donde las expectativas hacia una persona no deben basarse en lo que este no hace, si no en lo que sí hace. Reforzar el potencial de cualquier persona en hacer las cosas dentro del método que sea. Algo especialmente cierto para el joven artista. No tanto para la adultez, al menos que quieras ser un Don Draper de la vida.

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