Bajando Des-pa-ci-to a La Perla

 Hay un viejo decir dentro de la industria musical que dice, “a hit’s a hit” (okay, lo saqué de un episodio de The Sopranos, pero me imagino que “tiene” que existir). Es decir: no importa si X o Y canción no pertenece en lo absoluto a tus gustos musicales, época, o cualquier otra distinción; un buen ejecutivo o productor musical, sabe reconocer cuando una canción lleva esa cualidad que la hará todo un éxito, y con ésta, la oportunidad de hacerle muchísimo dinero.

Obviamente que “Despacito” es un hit. Es más, no solo es el indiscutible hit del verano, “Despacito” se ha convertido en un fenómeno global. Un artefacto cultural que ha trascendido las barreras del lenguaje, regiones geográficas, y más importante, mi espacio personal (¿cuántas veces tu vecino, o un carro ha pasado por tu casa blastiando el cabrón “des-pa-ci-tooo”?) como muy pocas canciones han logrado hacer. “Despacito” ha cautivado al mundo entero (hasta #SaltBae en Turquía, hizo uno de sus famosos videos bailando “Despacito”), algo que una canción puertorriqueña no ha hecho desde “La copa de la vida” de Ricky Martin para el mundial de soccer, y quizás “Gasolina” tambíen por Daddy Yankee para mediados de los 2000.

Pero lo más impresionante de aquella canción, que te hará dividir en sílabas la palabrita esa en tu mente por el resto del día, es su video musical. “Despacito”, ha sido visto más de dos BI-LLONES de veces en YouTube y  va de camino a ser el video más visto en la historia de la humanidad. Lo curioso del caso, para mi como alguien que ha vivido en Puerto Rico toda la vida, es que dicho video, es situado en una de las comunidades más controversiales por su circunstancias socioeconómicas y a la vez culturalmente más potentes, que existe en Puerto Rico: La Perla.

En realidad, no quisiera entrar en detalles sobre lo que realmente significa el barrio La Perla en el Viejo San Juan. Ese “boquete” escondido al otro lado de la muralla, literalmente a cuadras de donde vive el gobernador de Puerto Rico, donde al entrar rápido te preguntan “¿qué tu quiere?” La Perla, tan degradada por todos los padres puertorriqueños al hablarle a sus hijos e hijas sobre las drogas, usando el temido “no quiero enterarme que te vieron ir pa’ ya, oíte!,” el lugar preferido para la policía pescar a chamaquitos acabando de subir las escaleras de la muralla con sacos en los bolsillos, y cuyos partys por las noches (en especial lo que en algún tiempo se conoció como los Martes de Galería) se han vuelto cosa de leyenda.

La Perla, el barrio de resistencia por excelencia, marginalizada y en constante atropello institucional dentro del espacio turístico más lucrativo en todo Puerto Rico. El que siempre se ha considerado como la mancha dentro de la ciudad de adoquines y fachadas históricas, ahora, gracias al video de Daddy Yankee y Luis Fonsi, se ha convertido en el destinatario más codiciado por los turistas que entran a la isla. Aparentemente, los turistas son inmunes al estigma y miedo con el que tanto se ha asociado (¿juzgado?) ese lugar dentro del imaginario de todos los puertorriqueños. Su autenticidad y poder cultural, es el pedazo de Puerto Rico que buscan.

Entonces, ¿qué significa todo esto? Que a Puerto Rico poco a poco, contrario a los deseos retrogradas como los del presidente del senado y la basura de ‘Tata’ Charbonier, el mundo le está agrietando su burbuja insular. Es lo mismo con el cannabis medicinal. El “pasto” siempre se ha visto como la cúspide de la perdición moral en Puerto Rico. Es lo que “tecatos” y perdedores “se meten.” Ahora, las tendencias del mundo global, con sus turistas buscando dispensarios de cannabis (especialmente para los estadounidenses que no necesitan pasaporte para fumar marihuana en una isla espectacular en el Caribe), están poniendo en jaque las preconcepciones de imaginarios marginalizados en Puerto Rico pero que en el exterior no llevan esa carga. 

La marihuana y La Perla siempre las he considerado como las enemigas de la institución, tanto física como moral del estado, y me mata de la risa la ironía de que sean estas quienes ayudarán a sacar a Puerto Rico del boquete. Aunque lo que le pasará a La Perla, después de tanta exposición global, todavía ha de verse. Solo espero que la gentrificación no la infecte.

El video de “Despacito” entonces, se puede considerar como el último ejemplo de Puerto Rico adoptando aspectos que no necesariamente están en su gama de preferencias. El conservadurismo sigue siendo demasiado fuerte en esta isla. Pero cuando estamos hablando de dinero y su potencial de hacer mucho, en especial en una isla fiscalmente en las pérdidas, el imaginario marginalizado se convierte en un poder demasiado lucrativo para obviar. Sea de un video de reggaetón o un fili’e pasto… “a hit’s a hit.”      

 

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