Big Brother: el pokemón que nunca vas a capturar

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A través de la historia, se ha demostrado que cada era particular se puede definir con la moda o algo distintivo. Y es lamentable saber que este periodo se definirá con las guerras (ya sean ideológicas o por poder político), mala distribución de poder, filtros de Snapchat y… POKEMON GO.

Me acuerdo de lo que fue la pokemania para finales de los 90 y principios del milenio. No me excluyo; yo también fui partícipe de la obsesión por Pikachú. La fiebre de los pokemones acaparó todo tipo de entretenimiento: la televisión, las cartas, los videojuegos, el cine, juguetes etc. Hasta los cofres mágicos de Burger King. Considerando esto, me sorprende que haya tomado tanto tiempo en salir una aplicación de Pokemon.

Según sus creadores, la intención del juego es promover el que las personas salgan y “aprecien” o “exploren” su entorno. En teoría, es una tremenda idea pero, ¿cómo esto es posible si el jugador está pendiente al mundo dentro de su celular? Aquí está mi duda y mi incomprensión. Esta observación no solo la adjudico a esta aplicación sino a todas las que conlleven algún tipo de interacción cibernética, ya que permiten la posibilidad de un mundo paralelo inmediato. Solo que Pokemon Go se está convirtiendo, como toda fiebre social, en un fenómeno que descarrila la atención a problemas o preocupaciones pertinentes.

Aquí en Puerto Rico, el Viejo San Juan es un edén para los jugadores de Pokemon Go; tanto así que el tránsito y el conseguir estacionamiento es una Odisea (antes era un simple dolor de cabeza). Hace unos días, en el Paseo La Princesa se “apareció” un Blastoise, y lo sorprendente es que por lo menos más de 300 personas dieron cita allí; dicen que parecía como un Martes de Galería. Ya esto demuestra el control que tiene el producto/mercado sobre el consumidor, y en Puerto Rico consumir es uno de los grandes hobbies. O sea, nos creímos y consumimos la idea de nuestra constitución. Al igual, esto es una observación trillada que se lleva a términos globales también. Solo miren este video de gente “cazando” un pokemon “raro” en Nueva York.

Por otro lado, como si no fuera suficiente su “intención” de sacar a las personas para que conocieran espacios y otras personas, Pokemon Go se juntó con Tinder para realizar una aplicación que se llama PokeMatch. Para mí, esto es contraproducente. Primero, Pokemon Go te “empuja” para que conozcas otros jugadores físicamente. Pero, si no quieres pasar el problema de hablarles en persona, o hablar de algo que no sea los pokemones que buscan, no te preocupes, que crearon otra aplicación. Baja PokeMatch, para que puedas participar de un romance basado en un juego, literalmente.

Pero para mí, el mero hecho de que exista una aplicación que utilice tu localización para decirte donde hay pokemones en tu área es para levantar sospechas. A menudo la gente se queja de que Facebook te está carpeteando, pero, ¿estos han leído los términos de privacidad de Pokemon Go? Además de estar compartiendo tu localización en todo momento, los developers pueden accesar la información de tu cuenta de Google. Y ni hablemos de los pillos que han usado la aplicación como trampa para sus víctimas. A fin de cuentas, es un juego, y si la gente se está divirtiendo y saliendo de sus casas, pues que se lo disfruten. Pero, recuerden que Pokemon Go también sirve como excusa perfecta para que Big Brother se disfrace de una criatura popularmente aceptada.

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