Clasismo por cualquier otro nombre: Tempo vs. Residente

La historia cultural de la civilización occidental ha sido marcada por las grandes tiraeras entre artistas: Leonardo da Vinci y Miguel Ángel, Tesla y Edison, Tupac y Biggie, y finalmente… ¿Tempo y Calle 13?  Ciertamente no somos extranjeros a los diss tracks (incluso uno podría decir que las peleas son un fenómeno íntegro de la tradición del hip-hop), pero para muchos esta cartelera nos dejó rascándonos las cabezas: ¿Residente haciendo tiraeras con todos esos chavos? ¿El reggaeton no era trap? ¿Cuándo salió Tempo de la cárcel? Pocas contestaciones surgieron después de escuchar las pistas, y a la verdad que hubiese sido mejor ni haber hecho preguntas.

Érase una vez los Latin Billboards y durante una entrevista con René Pérez, famoso por Calle 13 y ahora como solista “Residente”, el artista ya había aludido a la poca creatividad dentro de la música pop y el género urbano. “Toda la música ahora es acordes mayores” etc. Esto no cayó bien en los cadres de la comunidad reggaetonera, y pronto el corillo y medio comenzó a reclamarle al cantautor. Desde DJ Nelson hasta Farruko, por doquier demandaban la sangre de Residente, y pronto Tempo (David Sánchez Badillo) surgió como el David ante el Goliat en las redes sociales, o más bien siervo expiatorio ante el matadero. Es entonces que se introduce el oyente a tan desgraciada confrontación.

La batalla es fácil de delinear. En “Calle sin salida”, Tempo le tira a Residente con la mayoría de las quejas que muchos sienten acerca la figura de Residente: politiquero lite que a la vez es vendepatria y “suave” dentro de los paramentos del reggaeton (“Usando tu psicología imperialista y te moriste / Hipócrita, pensé que eras de aquí, y eres de Miami”). Nada nuevo. Pero la pista como tal (con el motivo musical de un violín oriental) alude a la obsesión por una visión cultural globalista la cual Residente lleva como propuesta en sus últimos trabajos.

En turno, “Mis Disculpas” denota el espíritu pícaro de Residente al desmenuzar su contrincante por el fronteo (“Tú quieres saber que es real? / Real es que en la isla nos están clavando con una Junta de Control Fiscal / Real son los estudiantes, los maestros, profesoras / Los boricuas que trabajan a 4.20 la hora“). No hay nada nuevo en la estética de tiraera: ya me aburre este vocabulario vitriólico que amenaza la heterosexualidad de los raperos. Todo es “mámame el bicho” (Tempo) y “te voy a dar senda comía de culo” (Residente), lo cual me da a entender que en realidad es una tiraera de la bellaquería en vez de una lírica. Tampoco se nos olvide que el track de Residente puede ser visto como “capacitista” (“los tengo cabeceando como niños autistas”) al igual que normalizar a ciertos villanos de nuestra cultura: una alusión a que le metes tan duro como Osvaldo Ríos no es simplemente charra sino irresponsable.  

Por más que quiera ver la tiraera como una causada por desacuerdos artísticos, y sobre todo, la apropiación y traición sobre la comunidad reggaetonera, siento que existe un problema aún más profundo y es el de clase. Mientras que Tempo critica la “comemierdería”  del cantautor (“No lo defiendas, se lucró del género y se viró / Tu bastón pa’ caminar en la academia farsante”), Residente lo recrimina por esa misma farsa y su propia ignorancia (“Le pagas haciéndote el sicario … tu cerebro tamaño ciruela es la razón por la que el gobierno tiene que dejar de cerrar escuelas”).

El mensaje contundente (si es que hay alguno positivo sobre el cual me digne a extrapolar) es sobre la importancia de la educación. Salvaguardar la educación pública, al igual que llegar a descolonizar nuestras propias percepciones de nuestra historia, son polémicas pertinentes, pero no se puede entablar este tipo de conversación mientras se denigran a personas que son productos directos del establecimiento. Al parecer, Tempo es víctima y cómplice de las instituciones sociales: nacido para fracasar por ser de la clase baja pero a la vez completamente responsable ¿La falta de acceso a la educación conduce a la criminalidad? ¿Y qué de los que se caen por las grietas? Si Tempo es lumpen, un caso social perdido, la labor del artista como descolonizador implica discriminar contra los que no son rehabilitables. Classism by any other name would still smell just as sweet.

Tampoco se me escapa la ironía del valor “artístico” de la riña. Residente afirma cuán ecléctica es su obra (“di también que fui tango, bossa nova, cumbia, batucada, mambo”) mientras critica por carecer conocimiento musical (“tirándole a un rapero que no sabe lo que es 6×8 y que se llama Tempo”). ¿Cómo uno pretende tener una educación cultural sin acceso a los medios? Narrativas tóxicas sobre dinero y masculinidad a un lado, en cierta manera el reggaeton es el género musical más relevante de Puerto Rico, en el caribe. Es un reflejo de una realidad socioeconómica, su estética una crítica del modus operandi de la música: remover la disciplina del instrumento a favor de la idea. Para todas las personas que no tengan el tiempo (y aún más importantemente el dinero) para aprender un instrumento, el reggaeton (como un género de música electrónica declamada) permite democratizar la producción musical. Es decir, acorta la distancia entre el deseo de querer crear y una posibilidad inmediata: con acceso a una computadora, tu también podrías proyectar tu visión en un debate más grande.

La victoria es bastante conclusa: la respuesta de Residente fue tan devastadora como Mike Tyson soplándole uppercuts a un bebé (coño, esto de escribir letras no es tan difícil na’.). A Tempo le metieron mano como un rollo de Bimbos en el Oso Blanco. Pero es precisamente éste el problema: la tiraera de René quedó demasiado cabrona. En ocho minutos, Residente logró hablar más sobre la situación inmediata de Puerto Rico, los estudiantes, la posición de próceres como Oscar López Rivera en la estima social, la austeridad y la Junta de Control Fiscal, más de lo que logró discutirlos en su álbum solista. La encarcelación de Tempo lo vio bautizado como un tipo de Gucci Mane (no lo es), mientras que Residente se transformó en poeta (tampoco lo es). “Mis Disculpas” es una experiencia límite que resume todas las envidias de los demás contrincantes: lo mejor que hace Residente es el pastiche del reggaeton, algo que demuestra no solo las limitaciones del artista, sino las del género como algo rígido e inmutable.

Residente no representa mis perspectivas éticas, estéticas y políticas, pero puedo decir que prefiero tener a alguien con dos dedos de frente como embajador cultural que una figura como Tempo que hace hincapié en realidades sin proveer algún tipo de solución. Al final del día, el único que termina perdiendo es el pueblo de Puerto Rico. Mientras que se extienden ramos de olivos en la comunidad artística, inevitablemente terminamos con raperos comparando el tamaño de sus bichos.

Aún tengo una fantasía en la cual todos los reggaetoneros ponen sus diferencias a sus lados, hacen una apología pública a las masas retractando sus posturas misóginas y homofóbicas, y finalmente comienzan a abordar el tema de criminalidad, no como un romance, sino como un fenómeno capitalista. Quizás algún día harán un “We Are the World” con Daddy Yankee, Bad Bunny, Willie de Cultura y Residente y todos podremos cerrar un capítulo nefasto en nuestra trayectoria cultural. También quizás la Junta diga “mala mía,” los senadores y representantes renuncien sus puestos al reconocer su mezquindad, e Indy Flow corra como la primera comisionada residente sex positive post-feminist. Quizás, quizás.

 

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