Todos estamos en Dunkirk

Hace unos días fui al cine a ver Dunkirk. Antes de verla le comente a mi hermana y me dijo, “¿esa es la que sale Harry Styles?” De ahí en adelante, mi percepción de ir a ver una película de Christopher Nolan, con relativamente buenas críticas y basada en un momento histórico de la Segunda Guerra Mundial, se nubló. No tengo nada en contra de Harry, simplemente la presencia de artistas de música pop en películas como ésta me ponen a dudar un poco de la calidad. Sorpresivamente, mi expectativas de la película, poniendo el elenco a un lado, cambiaron al entender que se trata de otra película de guerra que simula ser propagandista. Pero, al igual, indirectamente desenmascara la verdad oculta de un llamado al nacionalismo.

Esta película se separa de los proyectos anteriores de Nolan, no tan solo porque trata sobre eventos militares, sino en el uso de efectos visuales. Aquí Nolan se enfoca más en la relación del sujeto con el espacio. Por ejemplo, las escenas de los soldados dentro de los barcos evoca una sensación de claustro; lo que es una constante en la mayoría de las escenas. Se nota la importancia de Nolan en demostrar una narrativa, respaldada por este tipo de cinematografía, en vez de adornar y presentar innovación en efectos.

No voy a entrar en muchos detalles, porque pienso que es digna de apreciarla sin chotear; aunque pueden leer la historia si lo googlelean. Lo que sí voy a mencionar, es que Dunkirk es un filme propagandista; igual que Pearl Harbor y Saving Private Ryan y las mayoría de las películas de guerras de grandes directores de Hollywood (las únicas que quizás se salvan de esto son las que tocan el tema de Vietnam, como Full Metal Jacket, Apocalypse Now e incluso Forest Gump). 

Nolan utiliza este suceso histórico, en el cual se demuestra este sentimiento nacionalista, para atender una crisis. En un artículo publicado por The Stranger, Dunkirk: The First Brexit Movie in the History of Cinema, se compara el nacionalismo que se exaltó en las costas de Dunkirk con el mismo que se convocó para el Brexit. Aún Nolan presenta un lado de desilusión y frustración (representado por los soldados) hacia la institución. En ambos casos, Dunkirk y Brexit, los ciudadanos son sometidos a un callejón sin salida salvaguardado por este sentimiento nacionalista.

Teniendo esto en mente, Puerto Rico se puede ver en ese mismo callejón sin salida; una sensación de estar atrapado en un espacio en contra de tu voluntad. Por ejemplo, la realidad de tener una jurisdicción decorativa, que no representa justicia para los ciudadanos. Asocio ese mismo claustro y asfixie que vivieron los soldados y civiles en Dunkirk con el abandono que sienten los puertorriqueños ante la crisis fiscal. El Gobierno que se supone que vele por el interés de la ciudadanía, vela por entidades ajenas. Igual, que Churchill negó la flota militar para rescatar a casi 400,000 ciudadanos, el Gobierno ha negado, en este caso, obviado rescatar este país. 

La gran diferencia entre Puerto Rico y Dunkirk es que no existe la variable de sentimiento nacional para los puertorriqueños. La labor de buen samaritano nunca se dará, debido a la representación fragmentada de la identidad puertorriqueña. ¿Cómo ayudar al otro si no sabemos qué es ser una nación? En los medios, ¿cuál es nuestra representación frente a una crisis de abandono institucional? ¿Broche de oro…? (no offense)

 

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