“El Local”, por Joel Cintrón Arbasetti

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Es una realidad que la mayoría de las personas que visitan El Local saben que no es un lugar usual. No se le puede adjudicar ningún tipo de etiqueta, es un sitio en donde hay una diversidad de interacciones. Por tal razón, la publicación del libro de crónicas El Local por Joel Cintrón Arbasetti era de esperarse.

Éste forma parte de la serie de libros de crónicas de la Editorial Instituto de Cultura Puertorriqueña. Vale mencionar que el diseño de la serie completa está bien ejecutado y llamativo. La portada de El Local es una ilustración de la fachada emblemática del espacio hecha por Roberto E. Tirado. Personalmente, mi primera impresión fue “tengo que comprarlo”; más allá del hecho de que sirve como un archivo de historias del lugar, emite ser un collectable item de algo que visité y aún visito. Y creo que es una de las razones por las cuál muchas personas lo tendrían, además de lo que he escuchado como: “vamos a ver si salgo en el libro”. Es una reacción entendible: de cierta manera El Local brinda ese sentido de inclusión, así que sentirse “parte de” es normal, fuera del faranduleo.

El Local nos muestra anécdotas del lugar y la historia oculta detrás de todos esos jangueos que se han dado allí de una manera informativa. “Se llama Magdalena Sofía, conocida como Madi Romeu. Tiene ochenta y nueve años y es la propietaria del edificio que alberga a El Local, que antes de ser El Local, era un centro de terapias físicas y del habla…” fragmento de la crónica titulada Metamorfosis. En particular, esta crónica me llamó la atención por el hecho de que le da otra perspectiva al lugar. Por ejemplo, Madi menciona que El Local en un punto llegó a ser del Comité Central del Partido Nuevo Progresista.

Además de la historia del lugar, también se le da espacio al trasfondo de la necesidad y el surgimiento de El Local. Que es vivo ejemplo de su lema: “Flaquear no es una opción”. Las trece crónicas de este libro demuestran el esfuerzo y el apoyo que ha tenido El Local para que aún podamos dar cita allí.

El trabajo del autor, o sea de darse a la tarea, de documentar es digno de valorar; porque aquí se acostumbra a dar por sentado éste tipo de dinámica. Por ejemplo, el Café 103 fue un lugar que llenó esa necesidad de venue y éste quedó en la memoria de los que fuimos, dejando ese sentimiento de nostalgia. Quizás alguien se anima y recopila historias de estos lugares que recordamos pero ya no están. El hecho de que esté en papel le da un sentido de permanencia, una importancia merecida.

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