En Fine Arts no hay na’

El miércoles pasado, luego de cenar con un amigo, debatimos si ir a Fine Arts a ver el nuevo biopic de Miles Davis, Miles Ahead. Pero, los dos estábamos cansados, y quedamos en ir a verla más tarde en la semana. Al otro día, jueves, cuando cambian las películas, aprendimos que, luego de una semana en cartelera, ya la habían quitado. Pero no se preocupen, Ocho apellidos catalanes continúa, luego de más de un mes.

Hace como 15 años, al Fine Arts de Miramar todavía se le notaba su pasado como cine de porno; su lobby era oscuro y medio claustrofóbico, y sus tres salas no eran de la más alta calidad que digamos. A cada rato el proyector se dañaba en el medio de una película, o se iba la luz. Pero, por lo menos a mis ojos, eso era parte de su charm. Todas las semanas iba con una amiga a ver películas del mundo entero, ya fuesen europeas, asiáticas o latinoamericanas. En Fine Arts, la prioridad no era dejarle dinero a la cadena de Caribbean Cinemas; se notaba por sus selecciones. Traían películas de directores conocidos como Woody Allen y Pedro Almodóvar, pero también le daban oportunidad a otras fuera del mainstream.

Claro, todo eso cambió. Me acuerdo cuando abrió el Fine Arts de Hato Rey, con todo su glamour, ofreciendo vinos y sushi además del popcorn. Mi amigo Ralph decía que las butacas estaban diseñadas para los clientes que venían directo de sus Range Rovers, para que se sintieran como si nunca se hubiesen bajado de sus autos de lujo. En ese tiempo, aunque estaba de acuerdo que era medio farandulero, pensé que mejor, ahora hubiese otro sitio para ir a ver películas que nunca pondrían en un mall.

Y entonces llegó Elsa y Fred. Voy a ser honesta y admitir que nunca la he visto completa, pero definitivamente la puedo identificar como la película que cambió el modelo de negocio de Fine Arts. Por alguna razón, esta historia de dos personas mayores que encuentran el amor capturó la atención del público puertorriqueño, y terminó estando en cartelera por alrededor de un año. Personas que nunca en su vida habían ido a Fine Arts se aparecieron en masa a ver la película argentina. (Y ni hablemos del remake americano que salió hace unos años, y que también se apareció en Fine Arts.) De repente, Caribbean Cinemas cayó en cuenta de que tenían un nuevo mercado, y las comedias livianas latinoamericanas se convirtieron en la fuerza dominante de ambos Fine Arts.

Entiendo que Puerto Rico no es el sitio en donde más se va al cine a ver cosas “raras”. También entiendo que la industria del cine no está en su momento más ideal, y que muchas películas que se hicieron en los años 90 o 2000 nunca existirían hoy en día. Y hasta entiendo que a fin de cuentas, Caribbean Cinemas y Fine Arts son negocios cuya prioridad es hacer dinero. Pero hoy en día, entre los Fine Arts de Hato Rey y Miramar (remodelado), hay aproximadamente diez salas. Es un poco incomprensible que a estas alturas, no puedan dedicar por lo menos una (¡o hasta dos!) de estas a películas fuera del mainstream. O sea, ahora mismo Papa Hemingway en Cuba, una película que tiene un rating de 8% en Rotten Tomatoes, ha durado más de lo que estuvo Mala Mala, una película local que recibió muchísimos halagos y premios, y que trata de un tema sumamente importante. Hay parte de mí que se alegra de que hayan más personas yendo a Fine Arts, y apoyando el cine latinoamericano, pero creo que hay espacio para mucha más variedad.

Quizás no debería admitir esto en un foro público, pero en los últimos años, he terminado obteniendo películas de maneras ilegales más que nunca, por lo menos las que no están en los servicios de streaming. Y no ha sido por razones de ahorrarme chavos. Al revés, ahora que empezó el verano, lo más que quiero es sentarme en una butaca súper cómoda con el aire acondicionado a to’ lo que da, y tendría cero problema con darle mi dinero a Caribbean Cinemas para poder hacer eso mismo. Pero, al menos que quiera ir a ver Lusers (sí, el título se escribe así), me parece que me quedé sudando en mi sofá con Netflix.

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