En Puerto Rico, el Sausage Party no tripea. Para nada.

No se puede menospreciar el poder que tiene una buena alegoría en tiempos jodidos. No es coincidencia que 1984 de George Orwell, aquella oscura distópica que cuenta sobre un gobierno totalitario sin hechos e historia, es un best-seller en el 2017, o que Hollywood sigue tirando series y películas basadas en cuentos de Phillip K. Dick. Vivimos en tiempos en los cuales necesitamos historias fantásticas pero a la vez plausibles, que nos pongan a pensar críticamente sobre nuestra realidad actual. Especialmente cuando dicha realidad no tiene mucho sentido que digamos.

En cuanto aquí en Puerto Rico, viviendo el papelón fiscal que todos estamos pasando ahora mismo, pues mano, una buena alegoría no caería mal. A escasez de historias que nos pongan a pensar críticamente (vale la excepción la película Los Dominiqueños, pero esa será para otro artículo), intentaré utilizar una “porquería” de película, pero para nada una mala película de Hollywood, como metáfora a nuestra peculiar situación.

Sausage Party, una comedia animada dirigida estrictamente hacia adultos (aunque sus chistes y diálogos pertenecen más a la mente sucia y jodona de un estudiante de noveno grado), es la alegoría existencialista más eficaz y directa que una película con chistes de chichar nos pueda ofrecer. Desde la perspectiva de productos comunes y corrientes que encuentras en un supermercado, la película nos ilustra la complacencia ideológica que conlleva la religión ante la angustia existencial del ser humano.

Sus protagonistas viven sus vidas añorando el día en que los “dioses”, o sea, los humanos que van de compras, los escojan para así llevarlos al great beyond, ese lugar sobre el cual lo único que saben es que de alguna manera llevarán a cabo sus respectivos potenciales en harmonía con los humanos, o sea, la cocina de tu casa. Ya se imaginan el horror que conlleva tal premisa.   

El great beyond es entonces la muerte, el ser devorados literalmente por esos mismos “dioses” que tanto fueron alabados en vida. Según la película y algunas ramas filosóficas, la fé es entonces aquella “noble mentira” en la cual colectivamente decidimos creer para poder aliviar nuestra inexplicable existencia, e inevitable muerte.

Aunque la película utiliza productos en un supermercado como alegoría para la fe y religión, quisiera enfocar otro ángulo dentro del concepto de la “noble mentira.” Aquella otra gran rama ideológica de nuestra vida moderna, y que la película basa su premisa en, pero no abunda en sus implicaciones; el consumerismo. El sustentar no sólo nuestra economía, pero nuestra mera existencia e identidad bajo mecanismos de mercado, oferta y demanda, hace que el acto de comprar no solo mantenga la economía a flote, pero que también te haga sentir bien y complaciente con tu realidad. Si tu identidad va a la par con el mercado, felicitaciones, estas en lo que mueve la economía dominante. Y poco a poco todos estamos muriendo por eso.  

Como puertorriqueño viviendo en la colonia, esta lectura de Sausage Party no me causa reflexión y sombrío, como quizás a otros consumidores no-colonizados. El consumerismo aquí en Puerto Rico, lo que me dan ganas es de estrellar mi cabeza contra la pared.

¿Qué es lo que reina nuestra economía consumerista, y por ende, lo único que tenemos que “mueve” la economía como tal? Las leyes de cabotaje gringas. Lo que precisamente previene un movimiento propio de nuestra economía, es el único gran modelo económico que tenemos. La Ley Jones, esa litigación colonial del siglo pasado que no nos deja abrir nuestros puertos a ninguna otra nación del mundo que no sea Estados Unidos. Lamentablemente, el “Puerto” de nustro nombre, le pertenece a los Estados Unidos de América.

En una isla donde se importa más del 90% de todo lo que consume, se podría argumentar que ningún otro territorio o estado de aquella nación se va de compras al nivel de nosotros. Pagando los impuestos de importación y el servicio de barcos (Las Navieras o Merchant Marines) más caro del mundo, hace que el comprar comida, productos y servicios esenciales aquí en Puerto Rico sea de los más caros en la nación estadounidense.

Lo más triste no sólo es el no tener opción de hacer negocios con el resto del mundo, pero el naturalizar, o sea, el tomar como incuestionable dicha ley. Quedarnos con los brazos cruzados como, “Pues, esa es la que hay. EEUU nunca va a permitir que negociemos con otros países sin ser independientes, y yo AMO mi ciudadanía, así que eso no va a pasar. Whoa, twelve pack de Medallas a 8$ en Walgreens. ¡Fino!” Por algo es que los últimos Macy’s y K-Marts que existen están en Puerto Rico.

Pero entonces, ¿que nos mantiene en ésta relación claramente abusiva? Siguiendo la analogía de Sausage Party, los gringos son nuestros dioses.

O así lo aparenta el hecho que el 50% de la población puertorriqueña ilusoriamente cree que podemos ser estado 51, mientras que más o menos la otra mitad quiere mantener nuestra realidad colonial. Como los productos animados de la peli ven a los humanos y el sistema como tal, nosotros vemos a EEUU y su colonización de Puerto Rico. Uno creado por y para los humanos (Estados Unidos), llevando a los productos (los puertorriqueños) que solo quieren vivir en la gloria con ellos. El sistema está hecho para consumir una nación entera, y lo único que tenemos que decir al respecto es “¡Llévanos a la gloria contigo!”. La estadidad y el ELA son nuestras “nobles mentiras”. Unas que alivian nuestra crisis de identidad nacional.

En otras palabras, como puertorriqueño, al ver la película, lo único que podía pensar era, “Coño, esa cabrona salchicha tirándose chistes de pasto y bellaqueras soy yo. Yo vivo complaciente en esta isla reinada por el consumo sin darme cuenta que es ese mismo consumo el que me está consumiendo a mí”. Todo los chavos que gasto, lo que uso para comprar, mi internet, mi comida, mi ropa, la gran mayoría se va para EEUU antes de que hasta lo llegue a pagar. Mi mera existencia como consumidor, es para literalmente hacer a otro país rico. Mientras el mío se ahoga.

El horror de la película para los puertorriqueños es que esa fé que tenemos en EEUU, sea del lado de la estadidad o de la colonia, es la que permite que nos siga devorando. Con sus leyes de cabotaje, austeridad y economía colonialista, esa “gloria” que pensamos que EEUU nos va a brindar, es precisamente lo que nos está matando.

 

*Nota aclaratoria*

On a lighter note, vale mencionar que nunca he visto tanta autogestión y motivación empresarial local como ahora. Entre artistas y empresarios locales, han hecho un esfuerzo notable, en especial en Río Piedras y Santurce.

En verdad, esa es la que hay. Consume local.

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