Este fin de semana, Dávila 666 me devuelve a la mugre

El garage ha pasado por muchas manifestaciones a lo largo de más de cincuenta años. Empezando en los sesenta, bandas compuestas mayormente por adolescentes desarrollaron una vertiente del rock n’roll que hasta el día de hoy sigue influenciando bandas, tanto, que se ha convertido en el zeitgeist musical para bandas independientes. Solo de ver el catálogo extenso de disqueras  como Slovenly, In The Red y Burger Records, uno puede notar cómo este género se ha apoderado de la imaginación de músicos queriendo sonar sus instrumentos de la manera más rudimentaria. Como se tocaría el punk, pero con riffs contagiosos, aunque más crudos, sucios y con más actitud de joda que el garage ‘sesentoso’ original. Pero esta nueva ola de garage no es nada nuevo. Aunque bandas en los ochenta y noventa (The Gories, The Cramps y las bandas de Billy Childish) mezclaron el garage ‘sesentoso’ con el punk rock, no fue hasta mediados de los 2000 que se marcó este fenómeno. Con la industria musical en las pérdidas, debido a las posibilidades de la Internet, bandas empezaron a usar MySpace, blogs y otros medios virtuales para difundir su música. Bandas como Thee Oh Sees, The Black Lips, Deerhunter, King Khan & The BBQ Show, todas las bandas de Slovenly, In The Red Records y muchísimas más lograron difusión en masa; lo cual provocó que se fueran de gira más que otras bandas ya establecidas.

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Para eso del 2010, Dávila 666, ya con tres o cuatro años tocando aquí en Puerto Rico, lograron posicionarse dentro de esa lista, logrando un nivel de reconocimiento internacional nunca antes visto para una banda de la escena local. No solo sacaron la mayoría de sus discos y singles con básicamente todas las casas disqueras “del momento” y otras (Vice, Rob’s House y hasta la legendaria Norton Records), pero también lograron colocar a Puerto Rico en el género musical. La estrategia de irse de gira constantemente y tocar junto a Black Lips y King Khan & The BBQ Show ocasionó esto. Cuando uno pregunta por fuera de la Isla, sea en algún show o tienda de discos, si conocen a alguna banda de Puerto Rico, te van a decir Dávila 666. Siempre estuve bien orgulloso de esta banda, ya que no solo tocaban canciones que hasta al día de hoy todavía son parte de mi playlist regular (“La Killer Bitch”, “Pa Que Vives” y “Muy Chistoso”) pero también, demostraron que en Puerto Rico existen otras escenas además de la del reggaetón. De hecho, lograron abrirle el paso a otras bandas locales como Los Vigilantes y Las Ardillas al público internacional.

Pero entonces, ¿qué tiene el garage y todas sus vertientes al pasar de los años que lo hace perdurar tanto? En mi opinión, se nota una historicidad y tradición en su método, una de creatividad desatada, rodeada por desahogo, pero jodón y divertido, celebrando aunque sea un momento de agencia dentro de un mundo mercantilizado. Basta decir que el rock n’ roll es un género autóctono americano, producto de cuando el mercado se apoderó de todo aspecto de la vida, y no te deja muchas opciones fuera de aferrarse a lo que queda de dignidad y agencia humana. Este aferramiento puede describirse como la raíz (lo que en el caribe anglófono le llaman roots) en confrontación directa a los modelos industriales económicos dominantes.

Por si acaso, no digo americano señalando solo a los Estados Unidos. Se puede argumentar que sus esclavos con sus spirituals y gospel, y los descendientes de estos con su blues, fueron los progenitores del rock ‘n’ roll, pero en el resto del continente americano también sonaron bandas tocando con dicha pasión y crudez. Estoy pensando específicamente en Los Saicos y Los Yorks en Perú a mediado de los sesenta. Aunque existieron muchas bandas de garage en otros países latinoamericanos durante esa época, casi todas sus canciones eran covers literales en español de canciones pop por bandas de garage estadounidense. Los Saicos y la primera vertiente de Los Yorks (con su primer cantante, el gran Pablo Luna), por otro lado, componían la mayoría de sus canciones, sonando una angustia y crudez sumamente adelantada para su tiempo. La existencia de estas bandas a principios y mediados de los sesenta demuestra que la pasión que tanto caracteriza a bandas de garage del siglo 21, una tradición musical de total inmersión en lo que sus instrumentos están sonando, por lo menos por dos minutos o más a la vez.

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Considero que el garage es adaptable no sólo al tiempo, pero al espacio en donde es concebido. Me imagino que eso fue lo que el público internacional le vio a Dávila 666: su autenticidad en comparación con el resto de las bandas similares para el público anglo. No solo los riffs eran tan crudos, pero a la vez eran tan divertidos como los de cualquier otra banda que logró “fama”. La única diferencia es que cantaban en español con letras sucias pero honestas. Sus canciones notan que son de aquí, sea por la voz o la actitud de snotty glam callejero; las cuales te van a hacer mucho sentido si vives en Puerto Rico. Las canciones de Dávila siempre me parecieron ilustrar lo que implica vivir en esta ciudad, con todas sus connotaciones de degeneración (sexo, drogas, callejones, relaciones disfuncionales y papelones). Escucharlos siempre me lleva a la mugre, una ruda pero pausada y extremadamente divertida . Recuerdo una vez hace muchos años atrás, antes que Dávila explotara en el extranjero, que juré darme un break de verlos en vivo. Así de mucho tocaban, y así de mucho los vi. Por tal razón, los shows de este fin de semana, después de casi cuatro años sin verlos, me tienen bastante feliz.

Dávila 666 se estará presentando el viernes 8 y sábado 9 de abril en Club 77, en Río Piedras.

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