Horror cibernético: Beware the Slenderman

Aunque no recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché sobre Slenderman como tal, sí me acuerdo de cuando primero leí la noticia de que dos niñas, Anissa Weier y Morgan Geyser, intentaron asesinar a una amiga como “tributo” a él. Se me pararon los pelos, al pensar que dos nenas de doce años podrían cometer este crimen, mucho menos planificarlo con la creencia tan ferviente en un cuento inventado en el internet.

Beware the Slenderman, documental que tuvo su estreno en HBO en enero de este año, presenta la historia de Weier y Geyser, desde que descubren los cuentos sobre Slenderman hasta su juicio. La película intenta cubrir los hechos mientras también educa al público general sobre la historia de Slenderman, y hasta sobre lo que es un meme como tal.

He hablado con muchos que la encontraron muy larga, y estoy de acuerdo con ellos, en particular por toda la información adicional que incluye. Los documentales casi siempre se hacen con la idea de educar al espectador sobre el tema del cual tratan, sin presumir que tengan algún conocimiento previo, pero se me hace difícil pensar que hay alguien viendo esta película que ni sepa lo que es un meme.

Eso sí, Beware logra crear un buen sentido de suspenso desde que comienza. Lo primero que vemos es una recreación (claramente inspirada por Blair Witch), de Slenderman persiguiendo a unas personas por un bosque misterioso, hecho al estilo handheld. Aunque también recae demasiado de esta táctica a través de la película, como introducción, te deja en el estado mental perfecto (aka cagao’) para aprender más sobre Weier y Geyser.

Fan art de Weier, Geyser y Slenderman

Comenzando con videos de entrevistas que le hicieron a las niñas horas después del asesinato fallido, vamos recibiendo un retrato completo de sus historiales, niñeces, estados mentales y más. Al ver estas entrevistas, rápido me hice de la idea de que las dos tenían que tener tendencias de sociopatía. Por ejemplo, sus voces no expresan casi emoción, no parecen comprender que cometieron algún error. También vemos entrevistas con los padres de ambas, y una de las madres cuenta que al enseñarle Bambi por primera vez a su hija, no se le salió ni una lágrima. Claro, no es que todos los niños tienen que tener las reacciones idénticas a todo, pero son bien pocas las personas que he conocido que no se quedaron aunque fuese un poquito traumados al ver a ese pobre venado quedarse huérfano.

Pero poco a poco mi mente fue cambiando. Una de las chicas pregunta que si su amiga está viva durante su entrevista con la policía, expresando algo de empatía. Empezamos a aprender más sobre los historiales de las niñas, cómo se criaron, cual era su ambiente. Las entrevistas con los padres son bastante reveladoras, pero fuera de pensar en el pasado, lo que me seguía cruzando la mente era si estas personas siempre habían parecido ser tan raras, o si fue algún switch que se apagó al tener que enfrentar el crimen de sus hijas.

Aunque este documental de seguro para muchos tiene el encanto de ser sobre un true crime semi-bizarro, semi-aterrante, para mí el punto sobresaliente fue este issue de la salud mental. Sí, Slenderman es fascinante como reflejo de la cultura cibernética y su alcance en nuestras vidas. Pero en muchos de estos casos, ya sean incidentes aislados como este, o mass shootings, los medios y muchos en el gobierno intentan responder al problema, debatiendo el control de armas, o el rol de los padres y/o la cultura popular, mientras ignoran el problema severo de la salud mental. Uno que además de ser ignorado, se estigmatiza, hasta el punto de que muchas personas no saben ni por donde empezar a lidiar con él, y mucho menos admitir que existe.

Mientras más veía la película, más cambiaban mis ideas sobre los destinos de Weier y Geyser. Durante el juicio, las dos se encontraban en la cárcel, siendo tratadas como adultas por la severidad de su crimen, aún no siendo ni teenagers. Cuando primero leí la noticia, no pensé dos veces que eso estuviera mal. Y no es una cuestión de que me diera pena: durante la película, casi ni vemos a las niñas, ya que la corte no permitió que se grabaran sus caras, y siempre las vemos de espalda. Pero al escuchar los diagnósticos que se les dan, y ver que esto es otro caso de salud mental ignorada, quería que las sacaran de sus prisiones ya, y que alguien atendiera sus cerebros.

 

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