Leonard Cohen nos deja Darker

leonard-cohen

El jueves, 10 de noviembre, a las 10:16 de la noche, miré mi teléfono. Todavía sintiéndome deprimida por los eventos de los días anteriores, se me salieron las lágrimas al ver la noticia de que había muerto Leonard Cohen.

Ese mismo día, simplemente horas antes, había estado escuchando su disco nuevo, You Want it Darker (¡qué título perfecto!), y preguntándome qué hubiera pensado Dax Díaz (Leonard Cohen siempre fue un héroe suyo) sobre este. La combinación de todos estos factores me llevó directo a mi tocadiscos, a revisitar a Cohen mientras procesaba todas las emociones que colmaron en este momento. Pero, como dijo un gran amigo, Danny, “Maybe it’s better he was spared this ugly chapter”.

Al hablar con él me acordé de cuando, alrededor del 2005 o 06, nos pasábamos cantando “Chelsea Hotel #2” en calles y apartamentos en Nueva York. Todos a los quienes nos entristece esta noticia, es porque tenemos algún tipo de anécdota como esa, alguna conexión profunda a las canciones de Cohen.

También inmediatamente pensé en los paralelos con otra de las gran pérdidas del 2016: David Bowie. Muchos tomaron You Want it Darker como la despedida de Cohen, al igual que Bowie había hecho con Blackstar, hace menos de un año. Deliberadamente dejando su última declaración antes de que otros puedan presumir los términos de sus últimas palabras. Esto sobre todo lo vemos en la carta que Cohen le escribió a una de sus musas, días antes de fallecer.

Antes de recibir la noticia, había estado considerando escribir una reseña sobre Darker, escuchando todos los días la canción titular del disco. Ahora ni sé cómo separar un tema del otro, ni quiero contribuir otro simple post más sobre los triste que es su muerte, especialmente acompañada por todos los otros fantasmas que nos han dejado el 2016, no solo en el mundo de la música.

Además de su música y poesía (muchas veces combinadas), Cohen también escribía prosa; bueno, por lo menos una vez. Una de las primeras cosas que busqué al escuchar la noticia fue su novela Beautiful Losers, publicada en el 1966 y escrita en el 1965, mientras vivía en la isla griega, Hydra. La primera vez que la leí fue en un avión circa 2008, y su prosa turbulenta y experimental concordaba con que durante su escritura, Cohen hacía ayuna y tomaba anfetaminas, como un táctica de creatividad.

blosers-bk

No la entendí muy bien aquella primera vez, pero había algo del caos en sus páginas que compartía con el caos de estar viajando, con los aeropuertos y su bullicio. Pero al volver a leerla, unas cuantas veces, se me hacía aparente su virtuosidad, uniendo los temas de una tribu nativa canadiense, el desplazamiento de estos mismos, con el sexo, con la antropología y con un poco de religión. Mi tío, que también se consideraba poeta, le decía el “maestro del morbo”, y por si acaso, eso es un cumplido.   

Es inevitable que los años pasan, y los ídolos musicales, que compartimos con nuestros padres en muchos casos, se nos van. Y cada vez más, tenemos la reacción inmediata de compartirlo con nuestros amigos, y vía los medios sociales. Para muchos es una manera de buscar un consuelo necesario junto a otros que se sienten igual; para muchos es montarse en un trend que ven. En el caso de Leonard Cohen, es la primera vez que siento tanta necesidad de compartir el dolor con mis amigos, reales y virtuales.

Hasta el día que murió, Cohen fue un hombre elegante, siempre con su gabán. También fue uno de las epítomes de lo cool, con estilo hasta el fin. Siguió produciendo música hasta hace unos meses, y muchos de sus discos recientes eran buenísimos, a diferencia de muchos de los de sus colegas.

En vez de seguir divagando, los dejo con mi cita favorita de Cohen, de un artículo del 2012: “I wake up every morning and check if I am in a state of grace […] If not, I go back to bed”, una que he tratado de aplicar desde que la leí. También los dejo con este documental, del 1965, Ladies and Gentlemen, Mr. Leonard Cohen.

Related Posts

Recent Posts