Lo simple llega lejos: Alegría Rampante en el Teatro Tapia

Alegria Rampante 1

Fotos por supakid.

La semana pasada, llamé a un amigo para invitarlo a ver a Alegría Rampante en el Teatro Tapia. “¿Qué es, un concierto?”, me contestó. En este caso, creo que esa palabra no funciona para describir lo que llevaron Eduardo Alegría, su banda y un montón de colaboradores al Tapia este pasado fin de semana.

Fui el viernes, y me senté en el balcón, lo cual me permitió apreciar todo lo que estaba pasando en el escenario, que fue bastante. La noche comenzó con una invocación de parte de Mima. Armada con solo su voz tan dinámica y su guitarra acústica, fue la manera perfecta de empezar el show. Mima es una mujer súper talentosa, pero lo más que siempre me impresiona de ella es el poder de su voz, de todo lo que puede hacer con ella, y que ella, tan pequeña físicamente, es una presencia imponente en cualquier tarima.

Después de la invocación, con el telón azul todavía sin subir, salió Eduardo, con un look de los más Bowie-escos que le he visto hasta ahora. Iluminado por tan solo un foco, cantó “Hoy Marte”, una de mis canciones favoritas de Se nos fue la mano (Discos Diáspora, 2015). De nuevo, fue un momento con muchísima fuerza, una declaración conmovedora, pero sin adornos además de la voz de Eduardo y una instrumentalización simple acompañándolo.

Los que fuimos a la serie de conciertos de Hotel Puercoespín en la Respuesta, a través del 2013 y ‘14, vimos como muchas de las canciones que terminaron en el disco fueron tomando forma y cambiando. Pero también, veíamos como cada vez que íbamos, la tarima estaba decorada lujosamente, aprovechando cada pulgada del escenario. Y ni hablar de los outifts y el maquillaje de Eduardo.

Alegria Rampante 2

Por eso, cuando por fin subió el telón, y la tarima no estaba casi decorada, fuera de unas cuantas escaleras del mismo teatro y los instrumentos de la banda, fue una sorpresa. De nuevo, lo simple rindió muchísimo; a través de la presentación Eduardo y todos los demás aprovecharon el espacio al máximo. También funcionaba como una especie de recordatorio que estábamos en un teatro, el más antiguo de Puerto Rico, y que esto era un momento importante para apreciar que este tipo de presentación se estuviera dando allí. Mi única queja de la noche: hubo momentos que me quería parar a bailar un poco, pero me quedé contenta con bailar en mi asiento.

Incluyendo un intermedio de 15 minutos, el concierto duró un poco más de dos horas y media, y no puedo recalcar suficiente lo impresionada que quedé con la energía de Eduardo. Durante toda la función, logró mantener una energía que motivaba al público, cantando con fuerza y demostrando su clásico sentido de humor cuando hablaba entre canciones. Uno de los momentos más pavera fue cuando anunció que iba a cantar su nuevo himno para los homosexuales de Puerto Rico, y las dificultades que enfrentan ahora con el regime que nos espera a todos. Todos esperábamos una nueva canción, seria y hablando de los issues, pero en vez, recibimos una canción medio burlona de aproximadamente 30 segundos que terminaba con la línea, “¡Destruyamos el patriarcado teniendo sexo anal!” Inmediatamente después, comenzó “Farifo”, y el público dejó la pavera y se animaron con el ya clásico tema de Súperaquello. Esto fue uno de esos momentos que me quería parar a bailar.

_mg_9766

A través de la noche, Eduardo y su banda (Kristian Prieto, Juan Antonio Arroyo, William Román y Nitayno Arayoán) tocaron tantas canciones, que no tengo espacio para hacer una lista aquí. Además contaron con el acompañamiento de Jorge “Bebo” Rivera, Arturo Vergés Vélez y Daniel Ramírez Amador en vientos y piano, y un coro compuesto de Nancy Millán, Ana Deseda, José Iván Lebrón Moreira y Ezequiel Díaz. El maquillaje estuvo a cargo de Jeff Orjales. Hubo duets con Fofé y Macha Colón, en una sección que Eduardo llamó el “diva section” en un artículo en Remezcla. También hubo un appearance de Freddie Mercado, sentado en un palco vestido como Doña Fela, uno de los miles de detalles que ayudaron a crear una noche llena de sorpresas y diversiones. Rafael Vargas Bernard hizo del personaje de “el Custodio”, creando sonidos, ayudando con props, haciendo un baile loco, el cual complementó perfectamente la energía de “La Iguana en la Ventana”, y más.

Ya hacia el final, luego de una versión de “Alucinando al máximo” que incluyó a casi todos los que mencioné en el párrafo previo, ya la energía estaba en su peak. Eduardo, Fofé, Macha y Mima aparecieron vestidos con batas estilo coro religioso, y le sacaron todo, todo, todo el poder que ya tiene la canción. Luego de eso, bajó un disco ball y Eduardo, todavía con su bata puesta, comenzó a cantar “Génesis” de Lucecita, una versión espectacular, que también incorporó una canción de Donna Summer.

Foto por Alfredo Richner, Puerto Rico Indie.
Foto por Alfredo Richner, Puerto Rico Indie.
Si sigo contándoles todo lo que pasó, estarían leyendo por páginas y páginas, así que les digo que personalmente, otro de los highlights de la noche fue el tributo a Monti, el perrito fallecido de Eduardo. Vargas Bernard le presentó a Eduardo una pintura envuelta en papel marrón, y al Eduardo romperlo, vimos un retrato de Monti. Algunos, que quizás no conocen a Eduardo, se rieron, pero rápido cayeron en cuenta que esto no era momento de chiste. El requiem me sacó las lágrimas, pensando en mi perrito y lo horrible que es perder el amor de estos fieles amigos, muchas veces nuestros reales compañeros en la vida.

Pero fuera de ese momento triste, el timing de este concierto no pudo haber estado mejor en términos de darnos alegría (perdonen la redundancia). En el artículo de Remezcla que mencioné arriba, Eduardo habla de cómo él lleva viendo hace tiempo los cambios que ahora son tan reales en nuestro mundo. Sí, entre canciones en el Tapia habló de estos, de como ahora todos tenemos que luchar, pero más que nada, el tiempo que pasamos todos allí fue uno de alivio, de poder respirar, reírnos y disfrutar juntos.

Related Posts

Recent Posts