Louis C.K. me llevó a la catarsis: Reseña de Horace and Pete

aabddda6787d443aCreo que es justo decir que Louis C.K. siempre ha demostrado un interés, o voluntad para cambiar el mundo de la comedia. Una ambición que primero noté en sus años como escritor en The Chris Rock Show, en su sitcom “convencional” como Lucky Louie (show sumamente menospreciado que sólo duró una temporada por HBO), hasta por fin llegar a Louie; un show tan galardonado por tanto críticos como hasta la audiencia en general. Este lo ha posicionado entre los grandes comediantes que no solo han logrado transferir su material al mundo de la televisión, pero de los más grandes comediantes, punto.

Louie dió un giro sumamente importante en cómo apreciar la comedia, una que quizás parte del humor observacional y meta-comedy como lo fué Seinfeld (comediante quien hace un show sobre su vida como comediante), pero a la vez, lo trancsiende. Los temas que trata Louie no son temas banales o superficiales que solo existen para lograr dar risa. Su introspección como comediante, padre, divorciado, soltero en sus 40, vivir en Nueva York y tratar de relatar lo más honestamente posible la subjetividad absurda de vivir esta vida… en fin, su uso de la comedia para exponer el drama es lo que distingue la serie.

Horace and Pete, su más reciente proyecto completamente autogestionado y sacado exclusivamente por medio de su página web oficial, la considero como la cúspide de su método de tratar de cambiar nuestra percepción de no solo lo que conlleva un programa de comedia, pero más aún, de un programa de televisión como tal. Dejando atrás el estudio de lo absurdo y el existencialismo que tanto caracterizó a Louie, Horace and Pete se enfoca en la crudeza de la vida. Una injusta y hasta descabellada. Se trata de una barra situada en Brooklyn ahora en el 2016, que ha estado abierta por todo un siglo, pasada de generación en generación dentro de una misma familia, siempre manejada por un Horace y un Pete. Algunas veces estos son hermanos, otras veces primos, pero siempre manteniendo la tradición de nombrar dos varones dentro de la familia como Horace and Pete para seguir corriendo la barra.

El concepto de una familia manejando su propio negocio es uno visto muchas veces antes, especialmente en sitcoms, algo que Louie indudablemente parte de. Pero el cómo éste utiliza este concepto inicial para abarcar la vida de cada personaje, tanto los principales como secundarios, desglosa todo un mundo en si solo, uno atrapado en el tiempo en completa disyuntiva con el mundo actual. Por ejemplo, la barra parece tener la misma decoración que siempre ha tenido desde que abrió, y solo vende una marca de cerveza, Budweiser, y no hace cocteles ni tragos mixtos.

La tradición de la barra, y el cómo se rehúsa a cambiar con los tiempos es personificado por Uncle Pete, uno de los personajes más realísticamente viles que he visto. Este viejo mantiene todas las características del conservadurismo de antaño; es homofóbico, misógino, insensible, con una clara definición de “valores” retrógradas, especialmente en cómo criar una familia y el aparente desprecio que le tiene a los “nuevos” Horace and Pete, quien los considera como una decepción en comparación con los anteriores. Basta decir que este viejo es un sendo cabrón, pero a la vez, bien puede ser de los mejores bartenders que he visto en una serie sobre una barra. Su honestidad desatada se transfiere a sus clientes regulares (quien siempre trata de mantener lo menos posible), comprandoles rondas aparentemente ilimitadas, siempre demostrando un respeto incondicional al alcohólico fiel y honesto, corrompido por la vida.

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Las conversaciones de barra son unas que por lo tal siguen la línea del humor de Louie, ilustrando personajes que deconstruyen temas actuales como el online dating, política (de los mejores análisis sobre el cabrón de Trump, los refugiados, la guerra y la polaridad entre conservadores y liberales), y relaciones interpersonales tanto entre extraños como amigos. Pero es aquí donde esencialmente para la comedia del programa. Horace and Pete no es una comedia. Aunque a primeras instancias parece tener los elementos de un sitcom tradicional, por ejemplo, toda la acción se desarrolla entre la barra y el apartamento de Horace justo arriba de la barra, se asemeja más a una obra de teatro, un drama sumamente denso y agobiante más que un programa de televisión convencional.

La mayoría de los diálogos son mediante monólogos, algunos sumamente extensos, conllevan una potencia y ferocidad lo cual yo personalmente nunca he visto en una serie de televisión. Los temas centrales son unos sumamente oscuros; desde la depresión y la inercia existencial de Horace (Louie C.K) al tratar de lidiar con su responsabilidad de ser “el Horace”, jefe de familia como su padre, el cáncer de su hermana (actuada implacablemente por Edie Falco), la muerte, el racismo, la infidelidad, todo tipo de abuso (tanto psicológico como físico) y la salud mental. Esta última es personificada por Pete (Steve Buscemi), uno de los personajes cuya más afección y cariño he tenido en todos mis años de ver televisión. En serio, Pete me afectó de una manera que yo nunca pensé ser afectado por un personaje ficticio. Creo que por primera vez he experienciado la catarsis en una obra literaria (sí, esta serie la considero literatura), y todo fue por la disyuntiva de que un paciente mental es posiblemente la persona más cuerda y humana de todos los personajes compartiendo un mismo entorno de miseria. 

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Considero Horace and Pete un logro cinemático, no solo porque Louis C.K. por fín logró hacer el show que él siempre había querido hacer, uno donde se rompe por completo la concepción de cómo un comediante pueda contar una historia, pero más como esta historia brinda al desarrollo de múltiples historias. Todas en un baile simultáneo alrededor de un mismo entorno, encabezado por la contradicción de mantener “una tradición” en un mundo ideológico. Donde se está volviendo más y más aparente las brisas de un cambio inevitable. Louie logró ilustrar dicho cambio mediante una alegoría de cómo lidiar cuando el mundo que siempre has conocido se derrumba al frente tuyo. Una hazaña sumamente valiente para cualquier artista, en especial para un comediante.

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