Melania Trump: ¿Muñeca o Esfinge?

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Melania confirma el mito de que ningún hombre, por más vil que lo estime el pueblo, es incapaz de ser amado. Aunque no lo parezca, esa es la realidad que tenemos que aceptar en el mundo mediático. El problema aquí es que nos rehusamos a aceptar la veracidad de su afecto. No podemos creer que una mujer tan rotundamente jeva pueda estar con un bufón tan rotundamente pendejo. Nuestro cinismo nos permite contestar que todo amor tiene un precio y, que además de que sus tetas son hechas, ella es la gold-digger que se pegó en la lotería. Pero, ¿quiénes somos nosotros para juzgar las decisiones y motivaciones sociales, económicas y románticas de una mujer? Y aún más importante, ¿a quién carajos le debe importar?

Salvo excepciones ficticias como Claire Underwood (de House of Cards), no todas las mujeres aspiran a la posición de primera dama. Pero nosotros, al igual que Melania seguramente, no contábamos con que todo llegaría tan lejos. Al igual que el mismo presidente electo, no pensábamos que ellos tenían las calidades necesarias para el puesto (¡ja!). La sombra de las mujeres que la presidieron es un estándar cruel que cuelga sobre ella: carece del carisma, la inteligencia y el encanto de Michelle, la elegancia de Jackie O. y la austeridad de Nancy. Desafortunadamente, la futura primera dama es popularmente conocida por plagiar un discurso de Michelle Obama y revelar demasiados datos inquietantes de la naturaleza intima con Trump. Ostentan tener “sexo increíble por lo menos una vez al día”, lo cual me da a entender que no le molesta una boca llena de spray tan.

Al parecer, su vida dobla la trama de un Pretty Woman de la Unión Soviética. Melanija Knavs nace en Slovenia comunista en el 1970. Sus padres creen en el estado. A los 16 años es descubierta por su belleza balkana y comienza una carrera con el jet-set  glitterati del mundo de modelaje. Su oeuvre artística es una fuente de contención y controversia. Dentro de sus editoriales, ha aparecido desnuda como una escultura clásica del kore griego, exhibiendo esposas doradas a la estética pop S&M y recostada dócilmente en un simulacro del Oval Office mientras el Donald la posee con su mirada. Mi favorita tiene que ser la que aparece como, yo prefiero llamarle, “sicaria bellaca”. Knavs es agente secreta en plena misión, con 9mm dorada, gistro rojo y botas de stripper para completar, sobre el ala del Boeing de Trump.

Hasta el NY Times la considera esfinge.
Hasta el NY Times la considera esfinge.

Es difícil ver a la primera dama de los Estados Unidos como poco más que una Barbie. Quizás por esto ha sido tan fácil reducir a Melania a su superficie. Podemos leer este fenómeno a la raíz pornográfica del inconsciente americano: los Estados Unidos no quieren una beata, sino una reina de belleza, y la fantasía es más amarga que la realidad. Melania encarna unas contradicciones aparentes del imaginario político americano. Su acento denota su experiencia de emigrante¹ y extranjera, mientras Trump promueve una deportación masiva. Por un lado su plataforma humanitaria como primera dama es luchar en contra del cyber-bullying, pero se acuesta con uno todas las noches. Urge al Donald a actuar “más presidencial” y este se las hecha por agarrar chochas. Ella es el a la vez el mail order bride y el American Dream.

Lo que define a una muñeca es su silencio, y este el gran problema. Por mas potencial que tenga Melania como una figura sex-positive que abra el debate de reconsiderar la industria de la belleza y los trabajadores sexuales, su silencio ante los comentarios sexistas de su esposo la hace cómplice del discurso del patriarcado. Esto viene de un instinto de preservación, e incluso, se ha convertido en apologista por su pareja. Sus respuestas son casi idénticas, como seguir un guión. El vitriol de Trump es meramente boy talk en sus ojos, como si los niños fueran incapaces de hacer daño. Es de los privilegios más peculiares, de tener la suerte de ser la única mujer en los Estados Unidos que se se salve de la canalla del presidente, por lo menos públicamente.

Los pecados del marido no son los pecados de la mujer. Podemos insultar a Trump sin tener que arrastrar el nombre de su esposa por el lodo en la carreta del liberalismo. Ya el slut-shaming antagoniza la percepción abismal del feminismo en el país. Ninguna mujer deber ser criminal de su propio cuerpo. Fuera de eso, no pienso que Melania logre hacer algo relevante. No creo que vaya a reunirse con su compatriota eslovaco Slavoj Žižek para repasar vocabulario Hegeliano en el futuro cercano. No creo que haga un panel con Naomi Campbell para discutir cómo desmantelar la mirada patriarcal en el mundo de la moda. Tampoco creo que se desvíe del guión como mujer-trofeo. Sinceramente, no sé qué creer en estos momentos. La veo en todas las conferencias de prensas: silente e impenetrable. Perfecta como una muñeca o como una esfinge.

 

¹ Es importante recalcar que ahora que Melania no solo es rica, sino tan bien comparte del poder político, ella no es una inmigrante, ella emigra, al igual que el Lost Generation y los expats a través del mundo.

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