Morir para ser arte

Velar a un muerto, aquí en Puerto Rico, se ha llevado al otro nivel: desde el muerto parado hasta el muerto jugando póker. Personalmente, no he concebido la idea de glorificar mi muerte, puesto que ya físicamente no existiré y no puedo recibir dicha gratificación de mi despedida. La idea de velar a un muerto, ya es algo macabro para mí, de velarlo de manera creativa es algo nuevo que no sé cómo describirlo.

Pensando sobre este fenómeno, la imagen de funeraria/galería de arte resaltó en mi mente como posible explicación. De cierta manera, el velorio (no aludiendo a la obra de Francisco Oller) conlleva una dinámica muy parecida a la visita a una galería. Si se piensa de esta manera es como si la funeraria es la galería, y por consiguiente el muerto la obra de arte.

Hay que reconocer que para presentar a un muerto en una posición, que no sea dentro de un ataúd, y prepararlo cómo tal, requiere cierta destreza artística. La expresión artística de las funerarias podría ser la real causa de esta práctica de los velorios “creativos” y no por capricho de los allegados del muerto. En realidad, es como arte comisionado, los parientes le piden algo especial al embalsamador.

En uno de los videos (publicado en la página web de Primera Hora), el velorio se puede entender como una pieza de arte interactiva. El área donde se encontraba el muerto parece una instalación bastante elaborada. El muerto está en la mesa, dónde están las cartas y las fichas, y los allegados a él “jugando” póker. Los espectadores/visitantes del evento interactúan con la pieza/muerto, siendo así parte del performance.

Los rituales fúnebres han existido desde principios de las sociedades, pero éste conlleva una performática que su fin no trasciende más allá de lo que simplemente se presenta. En los pasados velatorios “creativos”, por decirlo así, sí se ha planteado de que la manera de velar a un muerto puede emitir algún mensaje; como en el caso del muerto parao’. Se suponía que era un mensaje para los que lo mataron; también el muchacho, según sus allegados, había mencionado que lo velaran así. A partir del muerto parao’ esto se convirtió en “la cosa”, en términos de velorio.

En realidad, lo curioso de esto es que el muerto no va a recibir ningún tipo de retroalimentación por su último momento en el planeta. Los que sí reciben algún tipo de gratificación son sus familiares por decidir llevar a cabo el evento. A ellos es que las personas se acercan a darle el pésame y agradecer de velar al muerto “como le hubiese gustado estar”. No cabe duda que es una despedida mucho menos deprimente y artística, pero definitivamente es un fenómeno. Personalmente, no me molesta que utilicen un cuerpo para expresar arte pero, si fuera por mi, prefiero la cremación.

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