No, el amor no te completa: Reseña de la serie Love

El amor, si nos dejáramos llevar por su representación en los medios, en especial comedias románticas, parece mayormente pertenecer a gente en sus años de formación o crecimiento, como la adolescencia y los veinte y pico. Es como si el amor fuese el propulsor hacia lo definitivo, lo cual uno lucha y obtiene, al igual que cualquier otra expectativa en un mundo dominado por mecanismos de mercado. 

Love, serie de televisión original de Netflix, parece estar consciente de sí misma de que es una comedia romántica, lo cual usa para o exaltar creíblemente el drama a nivel de casi parodia, o para desmantelar todos los diferentes tropos trillados, expectativas genéricas sobre qué constituye una relación y el estar enamorado.

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Primero que nada, debería aclarar que la serie se trata de dos personajes a principio de sus treinta, por lo tanto, ya aparentan tener una cierta seguridad en su comportamiento, una actitud hacia lo que los rodea basada en experiencia y cantazos, a la vez continuando su comportamiento adolescente. Esta disyuntiva, de ser un adulto-adolescente, suele ser recurrente en comedias hoy en día (y en cierto aspecto, en la cultura Milenial como tal), pero a diferencia de estas, Gus y Mickey, los protagonistas de Love, no caen en el humor superficial de actuar como un morón perdido frente a diferentes ocurrencias.

En vez, ambos demuestran una madurez incompleta llevada a cabo por una década de experiencia, así formando una personalidad ya establecida pero altamente disfuncional, una que el espectador llega a conocer a profundidad en el pasar de los episodios. Por ejemplo, Gus es un geek, pero lo es con una  comodidad total con lo que lo rodea, o como le dice Mickey en una ocasión, “You know… cool without trying”. Gus derrumba la concepción de geek en los medios: la de personas asexuales, obsesivas con la cultura popular. Cuando Gus bota una caja llena de todos sus special edition DVD’s por la ventana del carro de Mickey después de haberlos buscado a casa de su ex, ilustra no solo su desapego a su antigua relación, pero también a etiquetas populares sobre cómo debería ser.

Yo no llamaría a Gus un conservador, aunque sí demuestra predisposiciones a seguir las reglas, pero al lado de Mickey, él bien pudiera ser Jorge Raschke. A primeras instancias, Mickey se puede catalogar como una manic pixie dream girl, aquella chica extrovertida, con actitud de hacer lo que le dé la gana, pero a la vez, quien solo existe para completar el arco de su pareja, usualmente el hombre. En esta última pauta es cuando Mickey rompe por completo esta definición. Ella no está buscando “completar” a un hombre; todo lo contrario, ya está cansada de caer en relaciones con el mismo tipo de persona, como su ex.

Mickey está clara de su estado emocional de disfunción fuera del imaginario masculino, tanto físico como mental. Ella más bien pasa por un sentir de constante auto depravación y descontrol, lo cual la confunde al interesarse en Gus, su total opuesto. Pero no es que Gus sea un santo tampoco, para nada. Su rigidez atrás de su actitud no amenazadora, y su constante ingenuo en meterse y tratar de racionalizar papelones que crea él mismo, nos da un personaje igual de complejo que Mickey.

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Lo interesante y distintivo de la serie es que se enfoca más en desarrollar los personajes respectivamente, fuera de escenas en las que salen juntos. De hecho, ambos casi no aparecen en la misma escena en comparación con el tiempo en que los vemos solos. Pero cuando sí aparecen juntos, todo el bagaje emocional que han demostrado crea una dinámica que no aparenta tener mucho sentido, algo que ellos mismos admiten en cierto modo, pero a la vez, tiene todo el sentido del mundo.

Por ejemplo, cuando primero se conocen, llegan a tener una conversación como si se conociesen por años. Mucho del humor de la serie recae en situaciones externas que les suceden cuando están juntos, tanto las veces que los une como las que los previenen de estar juntos. 

En vez de caer en humor observacional, este utiliza la imaginación por personajes que en el mejor de los casos, se conocen a sí mismos, y en el peor de los casos, quizás demasiado, tanto, que los ciega a otras posibilidades. Aquí cabe el drama en la serie, pero es uno sumamente honesto, aferrado a las personalidades distintivas e individuales de los personajes, y no a expectativas o imaginarios arquetipales.

A diferencia de la usual confusión y adormecimiento emocional con las que suelen contar otras comedias románticas, el crecimiento y conocerse a sí mismo en Love es llevado a cabo por jóvenes en el proceso de soltar lo que han tomado por cierto, conscientes de las experiencias que los han llevado hacia un presente en caos constante. 

Por lo general, no creo que otra serie o película de alguien en sus veinte pudiese lidiar con el nudo emocional que estos dos personajes llegan a experienciar.

Gus y Mickey no están para “completarse” el uno al otro dentro de un arco romántico. Todo lo contrario, ambos están tratando de lidiar con sus respectivas vidas, unas independiente y la una a la otra, pero a la vez, corriendo en un mismo camino de constantemente conocerse a sí mismo, en vez de “establecer una relación”. Y si lo pudiesen hacer juntos, pues me imagino que mucho mejor. Y quién sabe, ¿de eso no se tratará el amor?    

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