No todo tiene que ser neoliberalismo: la ruta al MECA

Dos taxistas dominicanos se dan una Coca-Cola en lo que normalmente es Charneco’s BBQ en Santurce. Pero hoy, es transformado en un “mercado colonial”. Incluso, al cruzar la Ponce de León, el Conservatorio de Música de Puerto Rico también se ha transformado en sede oficial del primer Mercado Caribeño (MECA), este pasado 1 a 4 de junio. Requiere tremendo par de cojones y ovarios de parte del equipo de productores Tony Rodríguez y Daniel Báez¹ durante posiblemente el peor momento socioeconómico en la historia de Puerto Rico desde ser ELA. Presentada como una feria de arte internacional2, MECA pretende crear un nuevo mercado internacional en el Caribe y reanuda los esfuerzos de más de 30 expositores, entre ellos 11 galerías internacionales y 4 locales, al igual que tres proyectos especiales y 13 propuestas de artistas y curadores independientes. Parte de la propuesta es interrogar y repensar estos espacios de contactos económicos y estéticos mediante el mundo de arte.

La sala de MECANISMOS funciona como eje central de la feria y consiste de ocho propuestas de talentos emergentes, curada por Carla Acevedo Yates. Proyectos locales como la Estación Espacial, Km 0.2 y FADSs compartían el piso con Casa Quien, de Santo Domingo, y Gamma Galería, de Méjico, además de las curadoras independientes Eva Mayhabal Davis y Sofía Reeser del Río. 2BLEÓ fue uno de los proyectos más urgentes en la sala: los santos modernos de Eric Saunders continúan la tradición del tallado, las roca sedimentaria de los hermanos Javier y Jaime Suárez propone la fosilización del arte para la posteridad y el tótem de palmas de Daniel Lind proyecta un documental sobre el desalojamiento y el racismo en contra de las comunidades negras en Piñones y Loíza, lugares que quedan tan solo a 15 minutos en carro desde el Conservatorio. Dentro de tanta memorabilia tropical de piñas y plátanos, es alentadora una obra que haga visible las presencias de la gente fuera de estos círculos.

Cabe destacar que la verdadera fuerza de la feria fue el enfoque en el talento local. Entre los artistas y curadores las galerías la Embajada, Agustina Ferreyra y los proyectos de Zawahra Alejandro y el colectivo National. El booth de Roberto Paradise fue el más divertido del piso, con dos collages de la isla del espanto de Jorge Luis Vargas, y una pieza de Bobby Cruz. Sin lugar a duda las “Fredilicias” de Freddie Mercado se robó el show con la muestra de las diferentes facetas del artista como performero, voyeur, vedette, y hasta como clarividente. ¿Qué más uno puede pedir que el deleite glam de espejos, lentejuelas y una personalidad pícara? Dudo haber encontrado algo más cabrón que una instalación que te invitaba a colgarle el pene a la maqueta del artista.

Los proyectos especiales e internacionales fueron igual de impresionantes: Green Go Home  de Rirkrit Tiravanija & Tomas Vu interroga la mitología y denigración del mundo occidental hacia el tercermundista, a través de pasquines de figuras públicas como Debbie Harry y Oscar López Rivera3. Lo más impresionante tuvo que ser su taller de impresión de barro en camisas con aforismos que declaman “renunciando la razón, celebrando la ignorancia”. El proyecto curatorial de Alaina Simone fue igual de llamativo, especialmente la obra de Dulcina Abreu y sus esculturas de zapato femeninos imaginarios, hechos en concreto y madera, aludiendo al labor físico y emocional, y la dificultad de movimiento simbólico al cual las mujeres inmigrantes se enfrentan. Simone también presentó el perfomance de clausura greenhowiwantyougreen de David Antonio Cruz, un tipo de ópera bilingüe basado en los poemas “perdidos” de Federico García Lorca. El cello, las danzas y las voces fueran una conclusión sumamente conmovedora para el evento.

Es difícil hablar sobre la conversación crítica del arte contemporáneo sin reducir ideas a buzzwords. Conversaciones con muchos de los representante recaían en el #queer, #decolonization.4 No es que estos temas no son relevantes, (al contrario, son sumamente pertinentes), es que se han tratado de una manera incompleta.5 Claro que me gustaría haber visto un diálogo más amplio entre Puerto Rico6 y los caribes, sobre las austeridades y violencias, pero hay que reconocer que ninguna labor cultural puede resumir en su totalidad estas ideas. Si todos en el cuarto hablan, nadie se entiende.

No se puede olvidar que MECA es un mercado, y su enfoque es crear un nexo internacional en el Caribe y estimular el “coleccionismo”. Dentro de este marco, hay que reconocer que muchas de las piezas corren precios módicos para aquellos con dinero para quemar. Si pueden evitar quemar capital, intenten untarlo con el elixir alcohólico de las bombas-cocos7 de Chaveli Sifre por tan solo 200$ o un pedazo de concreto volcánico por tan solo 3,000$. Es un tipo de neoliberalismo light: arte con el descuento de PROMESA.

Para los detractores, cualquier tipo de mercado internacional en Puerto Rico es otro capítulo en la saga de la gentrificación urbana. Apelar al mercado extranjero corre el riesgo de fetichizar y monetizar una cultura, pero tampoco podemos reducir toda producción a esto. Parte de la feria es repensar cómo se consume el arte, no solo para los coleccionistas, sino para los espectadores y los comercios aledaños. Según tengo entendido, los artistas también necesitan dinero.

Ningún esfuerzo cultural puede en un espacio resumir la producción artística del país en su totalidad. Esto tampoco implica que la exclusión de cierto tipo de arte apunte a un elitismo. No todo es neoliberalismo. Sabrán que mientras cierran 179 escuelas, MECA decidió llenar una de arte; cuando el municipio de San Juan decide reducir drásticamente el financiamiento de las artes, se crea un evento cultural de manera independiente. El flujo de los glitteratis del arte no fue tan insufrible como se anticipaba, y los predios se mantuvieron bastante limpios a diferencia de otros festivales de arte en espacios abiertos urbanos. MECA marca un punto en la gestión de arte durante tiempos de crisis, y aunque exista una que otra laguna en la producción, estoy particularmente interesado en cómo se retoman estas conversaciones de localidades, artes y economías en la próxima edición.

Me siento con medio pollo con papas al lado de los taxistas. Las piñas de piedras en la exhibición me dejan un mal sabor en la boca. Los taxistas se quejan de Uber, los taxistas se quejan de la crisis y los taxistas se quejan de que las papas están secas. En la mesa aledaña, BIK-ISMO (Joshua Rivera Santos) les pasa la botella de ketchup. No todo tiene que ser neoliberalismo.


  1. Junto a: Mariángel Gonzales (productora, project manager), María del Mar Caragol (directora del programa VIP), María del Mar Frederique (Gerente de Proyectos Especiales), Hazel Colón (Directora Cultural), Carmen “Dallas” Martínez (Asistente de Producción y Coordinadora de Voluntarios)
  2. En el espíritu de CIRCA, Feria de Arte Contemporáneo del Caribe y Latinoamérica, en los años 2000.
  3. Cabe mencionar que esta fue la única pieza que abarcó directamente la figura de López Rivera como parte de un movimiento activo de liberación nacional. Esto que conste, es un proyecto de artistas de sur Asia.
  4. Es muy posible que mi traje haya dado este timbre a la conversación. Muchos presumieron que era un coleccionista inocente o un dealer. Poco sabían que estaba más que dispuesto a asumir ambos roles si no fuese por dicho snobismo.
  5. Importante mencionar que de los 90 artistas,  51 eran POCs (people of color). Y aunque solo fueron  23 mujeres artistas en total, cabe destacar que más de la mitad del equipo de producción de la feria en sí son mujeres.
  6. La galería satélite Espacio Minerva fue sede para la exhibición de Garvin Sierra, la cual tiene como eje la situación fiscal de la Isla.
  7. Aunque la idea de una poción que es parte es fragancia y narcótico es algo bastante cabrón, ya uno siente algún tipo de aversión con la flora de Puerto Rico en el arte. Por lo menos no hubo el clasismo implícito del amor por el kitsch de los dubis.

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