Puerto Rico pasa por un “Clinton vs Trump” cada jodio cuatrienio

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ilustración por Marcüs

Votar por miedo a lo inimaginable, parece ser lo que ha definido estas elecciones norte americanas. Y ahora que ganó Trump y Roselló, el miedo se ha tornado en pesadilla.

Pero volviendo al miedo antes de la inevitable catástrofe; para nosotros aquí en Puerto Rico, es algo con lo cual estamos bien familiarizados. Para nosotros, el miedo siempre ha sido a la estadidad y una administración PNP, o miedo a que gobierne el que no la va a buscar, parece ser el dilema de todos los cuatrienios. Por un lado, esto se ha reflejado mediante el voto de los “melones”, y por otro, el de los estadistas, que votan por cualquier candidato (no importa quién) que tire el PNP.

Entonces, la estadidad es esa ficha mágica del PNP, ese poder sublime que dicta las voluntades del casi un 50% de la población. Por lo cual si existe alguna división en la pluralidad del otro 50%, automáticamente gana fijo. Esto es algo que siempre hemos sabido.  

Pero este síntoma o trastorno psicológico es de esperarse de una colonia en el siglo XXI.

Ahora, viendo las elecciones de Estados Unidos, y como el voto por miedo ha acaparado el discurso nacional, no puedo parar de pensar que Puerto Rico ha servido de ejemplo, un experimento o premonición al futuro de la democracia “americana”.

El miedo electoral en Puerto Rico, o sea, que gane el PNP, es uno entendible. La estadidad es una de esas raras ideologías que convierten lo fantástico en lo tangible para el fiel creyente, con consecuencias severas para el resto de nosotros. Una ideología materializada en un posible futuro fantástico para Puerto Rico. Una que alude tanto a la identidad nacional y religiosa, como al oportunismo económico. Por lo tanto, el miedo en Puerto Rico siempre ha sido caer en una administración dirigida por locos. Aquellos que prometen hacer lo imposible posible.

Ese es Trump ahora mismo en EEUU. Un miedo igual de entendible. La nación estadounidense por fin sabe lo que es votar por miedo de verdad. Miedo a un loco, una asquerosidad de persona que promete planes absurdos y fantásticos que apelan a lo peor de la población norteamericana. Una persona al nivel de absurdez como lo es pensar que Puerto Rico pudiera convertirse en estado 51.

Trump bien puede ser cualquier político típico del PNP. El que utiliza un modelo mental específico, una ideología fantástica e irracional (“make America great again” y todas sus implicaciones) para llevar a cabo agendas de mercado. Él parece estar en la misma vena de gente como Rivera Schatz, Jorge Santini, y Héctor O’Neil, aquellos “fortachones” que se hicieron ricos cogiendo a la gente de pendejos. Utilizando populismo vago y oportunista, logran ejercer las tácticas sucias de mercado capitalista dentro del servicio público. Trump, con sus “universidades” fraudulentas, historial de no pagar sus deudas y llevar negocios a la bancarrota para su propio beneficio, pero siempre manteniendo un aura de éxito y chavos, sería un perfecto candidato aquí en Puerto Rico. La cultura de listos, no inteligentes, de pensar a corto plazo para el beneficio de pocos, en vez de a largo plazo para el beneficio de todos. Trump y el PNP parecen saber el poder que tiene el convertir una ideología en un objeto sublime y accesible.

Puerto Rico demuestra el poder de la ideología fantástica. Aquella totalmente fuera de la realidad, retrógrada y emocional a cargo de fondos y servicios públicos; la cual EEUU aparentemente ha adoptado para mantener el balance de poder en una democracia tóxica. Por lo tanto, aquí en Puerto Rico sabemos muy bien el tipo de político que es Trump, pero más que eso, sabemos la implicación real de votar por Clinton: que no gane Trump. Igualito que aquí, ahora y por todos los siglos de los siglos, votar para que no gane la estadidad y de paso robarnos todos los chavos cuando no la puedan lograr, Amén. Oración que esta vez, cayó en oídos sordos.

Lo único diferente de estas elecciones en Puerto Rico, es que no importa quién hubiese ganado, gobernará la Junta de Control Fiscal como quiera. Pero, por primera vez, tengo que admitir que se como se sienten los que votaron por el presidente de EEUU. Mejor dicho, ahora ellos saben cómo se siente votar por alguien que no va a resolver nada, solo para evitar que gane el que nos traerá la catástrofe. Solo para que ésta catástrofe, sucediera como quiera. Un inimaginable que también ya estamos acostumbrados (para todos aquellos que recuerdan la primera administración Rosselló).  

El puro hecho de ser colonia de ese aparato político, uno que se supone que emuláramos, pareciéndose más y más a algo que estamos más que familiarizados… pues asciende a un nivel de ironía que no me esperaba en este baile maldito de colonizado y colonizador.

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