Quiebre y el movimiento en el casco riopiedrense

QUIEBRE

foto por Luis Rivera

Después de presenciar  Quiebre, festival internacional de performance dirigido por Asuntos Efímeros, me pareció importante comentar varios puntos sobre dicho evento. Inicialmente, tuve la encomienda de reseñar el performance que quisiera. No obstante, al finalizar el último performance monumental, el cual nos lo trajo Rocío Boliver directamente desde México con la pieza titulada “Rewind II”, desistí de la tarea.

De hacer un análisis estético de los acontecimientos que vislumbré, terminaría con una letanía que le haría poco servicio a este medio. Llevo tiempo anhelando un foro donde se dialogue y se lleve una relación didáctica que promueva el desarrollo de movimientos artísticos a través de la crítica, pero es cosa que aún permanece siendo una paja mental. Por el momento, la calle y a quien me encuentro creyendo ser mi amigx termina fungiendo la función de este foro imaginario. En esta isla crezco cuando observo, trabajo y  hablo con quien me cruzo. Rara vez es leyendo críticas genuinas de trabajos artísticos; tal como se publican en revistas alemanas, italianas, estadounidenses, pero casi nunca de aquí.

Todo esto para decir que no voy a mencionar lo que sí me gustaría discutir, que tiene que ver con unos velones prendidos en fuego, pero que sin embargo voy a dejar constancia de que Quiebre representó un esfuerzo monumental. Ese esfuerzo estuvo auspiciado por El Departamento de Arte, Cultura e Innovación del Municipio de San Juan, el Instituto de Cultura Puertorriqueña (o al menos recuerdo haberlo escuchado pero ahora no encuentro la evidencia) y Puerto Rico Top Level Domain, entre otros. Que aquí quede grabado que deseo que se repita Quiebre el año que viene, con aún más apoyo.

No tuve rol alguno en el festival más allá de ser espectador de lo que ocurrió, desconozco las cifras oficiales y no estuve presente durante todos los eventos del mismo, pero en el tiempo que sí estuve pude percatarme del influjo inusual de personas en Río Piedras. Los que hemos transitado el casco urbano en la pasada década somos testigos de la manera en que se ha desintegrado y abandonado el pueblo. También somos testigos de su resurgir en los últimos 4-5 años. En el Paseo de Diego, desde Mondo Bizarro hasta Me Salvé, hubo una cantidad mayor notable de personas utilizando el espacio; incluso mayor al de la rutina diaria del área. Esas personas, tras consumir en los negocios locales-resultado visible del festival- probablemente generaron un ingreso económico mayor al dinero que se le otorgó en auspicios. Que alguien me corrija si estoy mal.

Desconozco cuándo el casco urbano de Río Piedras comenzó a perderse; cuándo el gran número de personas que transitaban por el Paseo de Diego comenzó a disminuir. Lo que sí conozco son las razones por las cuales se le ha devuelto vitalidad al área. Muchas de estas giran en torno a laborales culturales y/o artísticas. El Club 77 ha auspiciado eventos primordialmente musicales, además de liderar eventos de inclusión de distintas índoles, como el bazaar “Girls to the Front”, el cúal acaba de cumplir su duodécima edición. Mondo Bizarro ha integrado una galería en su espacio, donde han exhibido artistas tanto emergentes como establecidos. Cerca, Productos Gostosos, establecimiento de comida, también ha servido de galería para distintas exhibiciones que han auspiciado. Más arriba en el Paseo, contamos con la presencia del Taller Secreto que lleva ya siendo la sede principal en donde ha trabajado una alineación de artistas plásticos que ha variado con el pasar de los años, también han auspiciado incontables exhibiciones memorables. Adentro del mismo local, contamos con la presencia de La Colmena, entidad que funciona por su cuenta y sirve también como taller de creación y ensayo de agrupaciones musicales, además de traernos eventos de música en el espacio. Bakers Bakery, antes de la Plaza Convalecencia, no solamente nos brinda pan en el día, sino que en la noche se ha convertido en lugar de encuentro para artistas, en donde también se expone material y se presentan agrupaciones musicales. Al otro lado de la plaza, no puede faltar la mención de la Casa de Cultura Ruth Hernández Torres, auspiciada por el Municipio, que se ha convertido en sede de toda persona que genuinamente desea llevar a cabo una propuesta cultural, ya sea desde intercambio de instrumentos, exhibiciones, talleres para la comunidad y hasta una residencia artística (La Espectacular). Más abajo en la Ponce de León, no nos olvidemos de las librerías, tampoco de La Beckett y su teatro, La Greca, y sobretodo de El Boricua que viene trayendo una oferta cultural constante en su calendario, y eso sin mencionar la vellonera y las parejas bailando. Todo esta información ni tan siquiera contempla la oferta gastronómica del casco que no deja de ser un arte y de la cual aún necesitamos más. Por la misma línea, ¿qué sería del casco riopiedrense si volviéramos a tener un cine grande con una selección variada en su oferta como lo han hecho todos estos establecimientos que describí, y los que se me quedan sin nombrar?

Mi punto es que las personas que auspician todos estos esfuerzos culturales, no vienen a pasear, vienen a quedarse de alguna forma u otra. Esos lazos que se crean son notables, se notan en la cantidad de personas que va aumentando, se notan en la actividad económica, se notan porque vuelven a habitarse unos espacios que hace unos años se daban por perdidos. El municipio ha hecho bien en auspiciar los Jueves de Río Piedras, en aportar a la voz de grupos como Asuntos Efímeros, pues esos esfuerzos crecen con los años y rara vez quedan en nada. Conviene ahora investigar cómo utilizar el empuje para que la oferta sea sustentable, para que continúe y crezca sin perder el enfoque de donde viene toda esta actividad, que es del arte y de un pueblo que nos ha visto crecer y vive aún. Río Piedras, como Santurce y el VSJ, seguirá siendo uno de los principales centros culturales de la isla. Corresponde ahora continuar regando la voz.

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