Reseña: Bestias de Paraíso – Capítulo 1: El Desvelo

El sábado 16 de enero en la Casa Ruth Hernández en Río Piedras se presentó una pieza de performance titulada Bestias de Paraíso – Capítulo 1: El Desvelo, de la artista Paulina Pagán Picó. Ésta se dio como parte del proyecto continuo La Espectacular, el cual consiste de una residencia mensual para artistas que utilizan la danza y el performance. Los artistas llevan a cabo su residencia con la dirección o mentoría de otro artista establecido en el campo de la danza; para esta residencia lo fue Karen Langevin.

Al entrar, lo primero con que uno se topó fueron múltiples flores aves del paraíso y scrapbooks de la artista guindados por hilos de pescar, esparcidos por toda la sala. El espectador entonces interactuaba ya fuera con el scrapbook o las flores mientras paseaba por la sala antes de empezar el performance.

La pieza comenzó con la artista interpretando un baile mientras sujetaba un tubo de metal. Éste lo trató con cierto desdén al rodarlo en el piso, para después buscarlo de nuevo, golpearlo contra unos cojines en la sala y volver a rodarlo. Al terminar el baile, la artista se recogió el pelo y lo metió dentro del tubo, y empezó a lentamente pasear por la sala, mientras distintas mujeres (quienes parecieron ser familiares o amigas cercanas), sacaban un mechón del tubo, y lo iban cortando.

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Progresivamente, en un acto de solidaridad ceremonial, una a una le iban cortando todo el pelo. Lo que hace este acto interesante, y lo aleja de caer en cliché performero de automutilación, es como el entorno más bien transformó a la artista. Si buscamos un sentido alegórico a dicho entorno, es el tubo de metal, instrumento de la industria patriarcal lo que confina su pelo (cuerpo). Pero dicho entorno también  son las mujeres cercanas a la artista, quienes lograban amputar, mediante un acto de liberación, dicha extremidad de células muertas; documentación corporal del tiempo confinado por modelos mentales dominantes. El reflejo subjetivo del tiempo es entonces la memoria (scrapbooks), lo cual  puede ser igual de confinadora; también es parte de cómo el entorno puede ser un factor para el cambio. El hecho de que habían flores colgadas de igual manera que los scrapbooks señala que nuestro entorno no es solo confinamiento o liberación humana, sino que también existe la naturaleza. Es a esta a la cual la artista parece hacer un llamado de auxilio al cantar, “María Luisa / No seas mala / Llévame contigo / Pa’ la playa” una y otra vez, casi como mantra meditativo, mientras le cortaban el pelo. Aquí entonces podemos apreciar la conjunción entre mujer y naturaleza como elemento salvador frente al confinamiento de la memoria y la ideología normativa.

Al terminar de cortar todos los mechones, la artista sacudió su nuevo recorte con confianza y determinación , se puso una bata de laboratorio, y se sentó frente a una mesa. Ésta tenía encima una convergencia de instrumentos científicos con  medios tecnológicos, como una lupa ajustada a una mini cámara conectada a un proyector, lo cual logró simular para el espectador la experiencia de mirar por un microscopio el mismo tipo de flor de playa que adornaba toda la sala. Comenzó a quirúrgicamente picar la flor con un escalpelo, exponiendo claramente sus entrañas. La proyección de lo que parecieron ser gusanos brillantes de un sutil azul fosforescente dejó a la audiencia sumamente impresionada. Todo esto ocurría mientras dos percusionistas tocaban sus tambores, haciendo el proceso tomar un ritmo casi de danza, pero con las manos, y ni decir cómo se veían los gusanitos que también parecían estar bailando.

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Luego de terminar su “cirugía”, la artista dijo, “Estoy lista” y apareció una mujer con máquina de afeitar, y le rapó la cabeza. Aunque suene un poco drástico este evento, la artista mantuvo una sonrisa a lo largo de todo el proceso. Su despojo simbólico entonces culminó, o llegó a cierto vacío, reflejado en su nueva cabellera.  Encontré interesante lo que tuvo que decir durante el conversatorio que se dio después de la pieza. Explicó  cómo su trasfondo en biología le hizo darse cuenta que hasta en los espacios más desolados (usó específicamente el desierto como comparación) y rígidos en el planeta, donde no aparenta haber vida… sí la hay. Tomando esto en cuenta, la metáfora de liberación de ataduras causadas por la memoria, el tiempo y modelos dominantes asociadas con su pelo/cuerpo, adquiere un nuevo ángulo de cumplimiento y optimismo. Es decir, ya cuando uno se deshace del pasado y lo que constituye modelos normativos, a primera instancia, no parecería haber mucho más en un presente. Al reconocer su entorno, el volver a “la playa” después de dicha renuncia simbólica prueba que ciertamente hay vida después del rompimiento; dejando  atrás la memoria de lo que consideraba como su vida, encarnado por su pelo.

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La artista, como muchas de las entradas que vi en sus scrapbooks, toma como argumento artístico la documentación de momentos de transición en su vida. Lo que diferencia a este performance es que le pidió ayuda a su entorno (amigas/naturaleza) para poder trascender un poco las garras del tiempo e la ideología. Tal realización, mezclada con metáforas utilizando la biología, la tecnología, el baile y la música, no solo le dio versatilidad a su performance, también hizo para una pieza rica en significado.

 

 

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