Río Piedras: la incongruente trayectoria

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Río Piedras, zona deteriorada con un folclor incuestionable, ha pasado de ser una de las zonas más transcurridas a ser una zona desolada con la memoria de lo que algún día fue y pudo llegar a ser. La situación del área se puede resumir con decir que ha sido el abuelo al que quieres, pero no llamas y de vez en cuando te viene a la mente. Se sabe que hay que cuidar de él, y se planea para eso, pero siempre termina en intentos fallidos.

Decir que vas a Río Piedras ya abre una gama de preocupaciones, impuestas por el imaginario de lo que “es.” El flujo de personas es intermitente. Hasta la población de deambulantes (mayormente drogadictos) ha ido en descenso; la situación económica del casco urbano ha llegado al nivel de que ni pueden buscar su menudo. Aun así, hubo un momento en el cual aumentó esta población. Cuando Jorge Santini estaba de alcalde de San Juan, se trató de manejar la situación, estableciendo centros de ayuda y rehabilitación. La creación de estos centros llevó a que aquellos con estas necesidades llegaran a Río Piedras y se quedaran. En la mayoría de los casos, estos centros no garantizan la rehabilitación, y resultan en otro intento fallido. Por ende, esta falta de efectividad, combinada con la crisis económica, llevó al momento en el que nos encontramos ahora, en el cual ya no se ve un deambulante en cada esquina.

A pesar de que hay una percepción exagerada de la falta de seguridad, tampoco se puede decir que Río Piedras es el lugar ideal para. En cambio, se opta por ir a un centro comercial donde sí puedes tener la certeza de que estarás “seguro.” Estar protegido es más bien un estado mental; no hay localidad que quede exenta de algún crimen. Aunque la seguridad en las áreas de Santurce, Hato Rey y hasta el Viejo San Juan es un tema debatible, Río Piedras ha quedado como la oveja negra de San Juan.

Río Piedras, inicialmente, fue una zona rural que parcho por parcho se semi-convirtió en una urbana. Por ejemplo, el corral de la AMA era una finca de piñas. Era el trampolín del campo a la ciudad. El antiguo municipio era el punto de encuentro de los distintos mercados de la Isla. Aquí los comerciantes de la época vendían y los distribuidores llevaban los productos a distintas ciudades aledañas. De estos comienzos como zona mercantil, luego pasó a ser un centro de tiendas exclusivas manejadas por extranjeros. Siempre ha sido, y sigue siendo, un área comercial; lo que ha cambiado es el tipo de consumidor y comerciante.

El profesor Juan Giusti argumenta en el artículo “Río Piedras: 300 de… ciudad?” publicado en Diálogo: “Las posibilidades de que la ciudad de Río Piedras cobre nueva vida dependen en que establezca una nueva relación con su antiguo espacio municipal.” Partiendo de esta premisa, la ciudad ha sido afectada por la mala planificación. Siendo así, la imposición de ideas ajenas por el municipio, que pretenden copiar modelos no viables, no frenan la caída. Es la falta de consideración por el pasado lo que ha llevado a su corriente falta de identidad. Por sus distintos procesos de transformación, la memoria de la ciudad está nublada.

La diversidad de comunidades en Río Piedras está fragmentada en distintos espacios del casco urbano. La comunidad universitaria se limita a los perímetros de la Universidad y a la Ave. Universitaria; al menos que sea un jueves de jangueo y habiten un tramo de la Ave. Ponce de León (entiéndase desde el Club 77 hasta el callejón del Boricua). Por otro lado, la comunidad dominicana, que es la mayoría, abarca la Urb. Santa Rita, pero más bien se concentra en la calle William Johns en el barrio Capetillo. En cuanto a la comunidad de comerciantes, la que depende de las dos previas, está esparcida por todo el casco urbano. La segregación involuntaria de estas comunidades promueve la creación de comercio multidireccional y no inclusivo. Lo ideal sería tener un comercio para todos y no por sectores; lograr tener la unión de todas las comunidades. Para llegar a esto, es crucial la participación de todas las partes involucradas (entiéndase el municipio, residentes y comerciantes). Los universitarios presentan el ejemplo perfecto: es raro ver un estudiante consumir en la Plaza del Mercado. Por razones de comodidad o seguridad prefieren almorzar en la misma Universidad. A raíz de la división social, estos tienden a buscar hospedaje en una zona en la cual se conglomeran los estudiantes, como lo es la Urb. Santa Rita.

El casco urbano también se ha visto afectado logísticamente por eventos como la explosión de la tienda Humberto Vidal, la construcción del Tren Urbano y el proyecto Río 2012. Todavía recuerdo el día en que mi papá me llevó a la inaguración de construcción del Tren Urbano. Siendo niña, lo más memorable para mí fue la caja de dulces en forma de un vagón del tren que me regalaron. Pero en ese momento no caí en cuenta que esta construcción provocó el cambio del tránsito de la zona, y la probabilidad de encontrar estacionamiento. Por su duración de casi dos años, y a causa de su falta de logística, el flujo de personas no era el mismo. Es noción popular que a nadie le gusta estar en un tapón y menos estar buscando parking.  

Poco antes de el Tren Urbano, en el 1996, Río Piedras experimentó lo inesperado: la explosión de Humberto Vidal. La explosión fue provocada por un escape de las antiguas tuberías de gas. Hubo 33 muertos y aproximadamente más de 80 heridos. Inmediatamente, el municipio prohibió el uso de gas en todos los negocios de Río Piedras. Es aquí que este incidente demuestra la falta de mantenimiento que se le daba y aún se le da a la zona. En vez de arreglar las tuberías, el municipio tomó la salida fácil y simplemente cortó las líneas de gas. Se “solucionó” con remodelar el edificio, y hasta el sol de hoy, no hay ni una placa conmemorando el suceso. El recuerdo de la explosión queda solo en la memoria de los que la presenciaron.

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Por otro lado, el proyecto Río 2012, presentado por Santini, pretendía “desarrollar” el casco urbano. En teoría, consistía de traer agencias gubernamentales a la zona (con fines de incrementar el flujo de personas), proyectos de vivienda (no módicas para los habitantes actuales) y remodelar áreas recreacionales. La iniciativa creó una controversia por su falta de viabilidad, y de consideración por las comunidades ya existentes. Se podría decir que los únicos productos del proyecto fueron la remodelación de la Plaza de la Convalecencia y del Terminal Sur de las guaguas públicas. Aunque existe el potencial de realizar eventos en la Plaza, no se le da este uso; el por qué queda inconcluso. Estos eventos podrían ayudar a estimular la economía local, llevando a recuperar la inversión que se hizo en este espacio público. De nuevo, reconocer la falta de consideración y enmendarla, aportaría al real desarrollo urbano y cultural de la zona.   

Otro factor que afecta el urbanismo del área es la cantidad exuberante de edificios abandonados. Las razones de que una propiedad permanezca en desuso pueden ser una de varias: deuda, falta de mantenimiento por el dueño, problemas de herencia o le pertenece al municipio. Estos espacios se les podrían ceder a nuevos empresarios con propuestas que aportan al desarrollo cultural y económico de la zona. Pero, el nuevo empresario con un presupuesto humilde y una idea que promueva la cultura y la economía tiene sus días contados. La permisología, servicios de electricidad y agua, renta y la compra de mercancía son factores que limitan el desarrollo de un negocio. Por tal razón, el municipio debería promover legislación para rehabilitar estos espacios con el fin de aportar al renacer de Río Piedras.

Aunque el casco urbano de Río Piedras presenta un ejemplo de la poca participación del gobierno en los problemas cotidianos de la ciudadanía, existen iniciativas para aportar al mejoramiento de Río Piedras. El Centro de Acción Urbana, Comunitaria y Empresarial (CAUCE), la Casa Ruth Hernández y los nuevos comerciantes (Club 77, Mondo Bizarro, Producto Gostosos, La Greca, entre otros) son todos ejemplos de esto. La alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín, ha puesto en práctica un programa llamado el Presupuesto Participativo. Este consta de atribuirle fondos a iniciativas comunitarias existentes o innovadoras para atacar una necesidad en la zona.

Recientemente, el gobernador Alejandro García Padilla aprobó una ley (Ley Especial para la Rehabilitación de Río Piedras)  qué pretenden atender las necesidades inmediatas del casco urbano de Río Piedras. Ésta tiene como propósito proveer unos incentivos especiales y crear un Fideicomiso para el Desarrollo de Río Piedras.

El proyecto fue presentado por la Junta Comunitaria del Casco Urbano de Río Piedras y CAUCE. A cambio de proyectos anteriores, éste es uno que la misma comunidad presentó ante el Senado. Aún así, en términos de idea, promete lo mismo que los pasados proyectos; queda en manos de la comunidad asegurar lo prometido. La ley estipula un fondo anual de $200,000 para los gastos que conlleve la rehabilitación paulatina.

Esta ley enfatiza en el problema del sin número de edificios abandonados en el área, pero como mencionado anteriormente, estos deberían ser otorgados a propuestas con un interés socio-económico. Actualmente, los comerciantes que se encuentran en Río Piedras tienen un enfoque social (en su mayoría); lo cual crea una impresión de una zona preocupada por el desarrollo cultural. El municipio debe tener esto en cuenta a la hora de suministrar los incentivos y la aprobación de proyectos para la rehabilitación.

La atención a Río Piedras está llegando, pero vale procurar que sea constante y no pasajera.  

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