Tintero se Bayamonta para su cuarta edición

Regresó Tintero, feria anual de arte y cómics independiente, en lo que quizás fue la muestra más prolífica de arte local que he visto hasta el momento. Al parecer, con cada año que pasa, sube tanto la cantidad y calidad del arte (no solo cómics y zines, pero también todo tipo de prints, patches y otros accesorios) al igual el número de personas que asisten. Pero lo más que me gustó fue la cantidad de cómics y zines originales que vi. En serio, me atrevería a decir que hubo más libros nuevos y originales en Tintero este año que la última vez que fui al mismo Comic-Con.

A diferencia de años anteriores, los más de 60 artistas que participaron este año montaron sus booths en el espacio Engine-4 en el municipio de Bayamón (como un centro comunal dentro del complejo del coliseo Rubén Rodríguez) en vez de en el usual espacio cultural Casa Ruth Hernández en Río Piedras. Tengo que admitir que me hizo un poco de falta el ambiente y gracia de “casa de campo en el medio de la ciudad” de la Casa Ruth, con sus losetas vintage y segundo piso de madera– pero pues, parece que el auspicio y apoyo del municipio de San Juan optó por no participar este año.

No quisiera especular sobre el por qué sucedió este cambio (al último momento de hecho), y menos tomarlo como premonición acerca de futuros auspicios a las artes por parte del municipio de San Juan, quienes en los pasados años han demostrado un compromiso bastante constante con el arte local, especialmente en Río Piedras. No, mejor debería resaltar el hecho que el nuevo espacio estuvo sumamente cómodo y amplio (sin mencionar su aire acondicionado), y contó con la bienvenida conveniencia de estar justo al lado de la estación de tren Deportivo. Este año también hubo un booth de café y postres artesanales, y una guaguita de ceviche afuera, dándole más todavía ese aura de “festival”.  

Pero volviendo a los cómics, a continuación algunos de los libros que me llevé de Tintero, en la ciudad de vaqueros.

 

La Parca 
por Abner Cardona

Según el prólogo de este hermoso libro, La Parca es un mito dentro del folclor puertorriqueño, donde existen varias versiones acerca de aquel hombre que desenterró el cadáver de su amada. La versión del cuento que el artista escogió fue la que interpretan el trío Los Condes en forma de canción. Mediante paneles y secuencias sin diálogo, todas en blanco y negro, pareció un libro de ilustraciones de un poema de Edgar Allan Poe. Y no digo ésto solo por el uso de prosa para narrar un cuento, sí no más bien por la temática oscura y curiosa, casi hasta gótica o noir del cuento, que me recordó al poema “Annabel Lee” de Poe. Ésta se trata de un hombre que también desentierra a su esposa, pero en vez de llevársela para su casa, se acuesta con ella en la tumba. Como dice la dedicación del libro, “Este cómic es dedicado a todos los crazies que romperían la tumba de un ser amado”.

El manejo de sombras y contraste, más que la cantidad de detalle de las ilustraciones demuestra claramente el talento de Cardona. Pero más me impresionó la fluidez de sus paneles, como la parte cuando el viejo primero empieza a cavar la tumba, al frente de un enterrador aterrorizado. Esto me lleva a las expresiones de los personajes de este libro. Uno puede saber mucho de un artista cuando puede darnos una caracterización completa de sus personajes por solo ver como dibuja sus expresiones. La meticulosidad de ilustrar expresiones, tanto las del personaje principal como la de todos los “extras” hacen de una excelente historia corta silente. Ahora, no se como dicha calidad artística se traslade a una historia más larga*… tendré que ver.

*Vale la aclaración que sí tenía otro cómic más largo… pero al hojear sus páginas vi que era en inglés y le piché. Pero si lo veo de nuevo, de seguro me lo llevo.

 

Babalaas y Nimbus

Ok, se que es un mini cómic y todo, pero cualquier publicación siempre debería tener por lo menos algún nombre, alias, o cualquier palabra que se pueda buscar en Google que explique quién carajo lo hizo. Quizás fue mala mía que no compré el paquete completo a $7 (súper barato, lo se, pero su booth fue literalmente el último que visité y ya me había quedado sin chavos) que incluía todo lo que había en la mesa: un pin, sticker, los mini cómics y otro cómic más largo, donde de seguro decía el nombre del artista, pero pues. Este último lo llegué a hojear, después de leer y despertar mi curiosidad que en la parte de atrás decía que incluía a Campo-Formio, Los Bronson y otra banda de la escena local que no me acuerdo. No voy a hablar más de éste, ya que no lo llegué a leer propiamente. Lo único que tengo que decir es que no creo haber visto un cómic que se trate sobre kids viendo a bandas de aquí. Artistas que incorporen sus alrededores, y como éstos los afectan, dentro de sus historias. En verdad, espero ver más.  

La que sí me llevé, sólo titulada Babalaas, cuenta una cierta epifanía, un de esos “coño es verdad” que de vez en cuando la puta vida nos agracia a cantazos. En esta ocasión, se trata de lo que parece ser lo que un típico chamaco en sus quarter life crisis pasa cuando lo dejan: el darse cuenta que una relación es compuesta por dos personas, no de una sola persona y su concepción mental o imaginario ideal de quién es su pareja. En realidad yo soy medio sucker para historias sobre papelones emocionales y jodiendas románticas, como las de Adrian Tomine y Charles Burns, así que tengo que admitir que ésta me la disfruté. Más que me dió un pequeño rayo de esperanza con que chamacos y chamacas escriban y dibujen sus propias historias y experiencias.    

La otra historia, titulada Nimbus, se trata de otro badtrip: la muerte de un familiar, pero de camino a un show. Aquí no tengo mucho que decir en realidad, solo que fumar de una bonga de agua dentro de un carro en movimiento no es muy buena idea.

O sea, creo que el artista está un poco confundido sobre que constituye el fumar marihuana, y no solo por su peculiar uso de parafernalia para fumar en un carro (el agua de bonga apesta a carajo), pero por decir justo después de recibir la llamada del badtrip: “Hasta aquel entonces, nunca entendí los vicios para amortiguar el dolor”, mientras se da el bongaso. Chico, no estas hablando de heroína, palis, percos, oxys o perico… estás hablando de pasto. El pasto alivia muchos dolores, como las cataratas, la falta de apetito y el artritis, pero no la pena existencial de perder a un ser querido. Hay que quitarle ese estigma a una simple planta. Como quiera, este chamaco promete.   

 

Rapiña
por Rosaura Rodríguez, Omar Banuchi y Joel Cintrón

Última publicación de Días cómics, ilustrando un escrito por el periodista investigativo Joel Cintrón Arbasetti, exponiendo dos ejemplos sobre las relaciones íntimas entre el sector privado (Wall Street) y el gobierno de Puerto Rico. La primera es sobre Luís Fortuño, quien para sus años de gobernador, le otorgó un jugoso contrato sobre el manejo y administración de las autopistas PR-22 y PR-5 a un consorcio llamado Autopistas Metropolitanas (Metropistas), compuesto por la empresa española Abertis y Goldman fucking Sachs. Lo lindo es que después de su término, Fortuño fue nombrado como miembro de la junta de directores de Abertis, que en el 2013, se convirtió en el accionista mayoritario de Metropistas.

El segundo ejemplo da hasta más rabia todavía. Se trata del perfil personal de Julia Keleher, la nueva secretaria de educación nombrada por La Junta. No voy a entrar en detalles, ya que son demasiadas maniobras que ha hecho esta mujer para borrar por completo la línea entre trabajar en el sector privado y a la vez ser la encargada de uno de los bastiones del sector público, como lo es la educación.

La manera que el dúo artístico ilustra estos dos ejemplos de gente de negocios haciendo lo suyo dentro del gobierno, da tanta gracia como te pone a pensar. Éstos buscan el ángulo de como las dos investigaciones se reflejan (como bien Días sabe hacer) en la vida cotidiana: todos los boquetes de la PR-22 a pesar de que los encargados de correrla son unos gigantes financieros dentro del capitalismo global, y la caracterización de Julia Keleher como si estuviese en un episodio de las Kardashians. La portada resume su tesis, mostrando a un Fortuñito y una Julita jugar en un fuerte de cartón que se asemeja a la muralla de San Juan al lado de la Fortaleza. Dos codiciosos usando el sector privado, aquel encargado de nuestro bienestar, para lograr “ganar” su juego de chavos.

 

Viajera Sin Idea, Vol. 2: Infortunios  
por Amaya García

Zine que cuenta las aventuras, o mejor dicho, desventuras de una puertorriqueña de viaje por Europa. Éste ganó mejor zine del festival, y no es para menos. Sus observaciones, a veces solemnes, otras llenas de humor, sitúan al lector dentro del lugar descrito, en vez de sólo contar lo que le pasó. Sus descripciones están tan llenas de imágenes como de situaciones, y el baile entre las dos hace de éste zine una obra literaria, más que un simple diario o scrapbook. Uno sufre la angustia de su viaje en tren desde Amsterdam a Hamburgo sin aire acondicionado, al igual que la pavera que le dio su épica batalla con las garzas en la playa. Hay plot twists, paveras, badtrips, introspección; uno realmente siente que llega a conocer un poco a la autora, viviendo sus memorias junto a ella.

La narración es hecha de manera lineal, pero al revés, como ir atrás en el tiempo al pasar cada capítulo. Cada uno termina con una memoria, algo en lo que la narradora piensa mientras algo le está pasando. Algunas veces éste explica la razón por lo cual la autora se encontró en dicha situación, al igual que sirve como preámbulo para el próximo capítulo. Si han visto la película Memento, sabrán de lo que estoy hablando. Me sentía como si me dejaran en cliffhangers cada vez que pasaba de capítulo, como si estuviese sumergiéndome dentro de las memorias de esta chica al ir más y más al pasado. Como un Inception, pero con memorias.

 

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