Todos somos el 1%: de paseo por Paseo Caribe

Fotos por Alexis Martínez

Desde que tengo memoria, el área del Caribe Hilton siempre ha estado bajo una eterna construcción. Pasando por el puente Dos Hermanos en dirección al Viejo San Juan, uno podía notar la fila de grúas adornando el horizonte, camiones estacionados y vallas verdes, en donde cada año aparecía un nuevo edificio en la entrada del islote.

Los alrededores de la entrada al Caribe Hilton pasaron a ser lo que se conoce hoy día como Paseo Caribe: un complejo de viviendas, tiendas y entretenimiento de lujo que desde sus comienzos de construcción para eso de principios de los 90, marcaría el futuro distópico puertorriqueño que ahora recién estamos empezando a ver. Un bastión de exuberancia y lujo dentro de una isla a la deriva.

La historia del Paseo Caribe, particularmente sus incesantes luchas en las cortes para poder apropiarse de más y más playas y terrenos a sus alrededores, demuestra el triunfo del sector privado foráneo dentro del gobierno de Puerto Rico. Ahora con las leyes 20 y 22, al igual que la Junta de Control Fiscal, veo al Paseo Caribe como la realización del sueño expansionista estadounidense: un oasis tanto fiscal como vacacional para el rico estadounidense. Pero, ¿qué significa este nuevo espacio de privilegio para el resto de los puertorriqueños? ¿Cómo éste justifica su construcción en medio de una isla en crisis?

Hace unas semanas atrás me di “el paseo” por allí para ver los frutos de décadas de esfuerzo por la clase más privilegiada de la isla. Junto con un pana que quería estrenar su cámara nueva, ésto es lo que vi:

Empecé mi trayectoria por el paseo lineal de Puerta de Tierra, aquella polémica aportación por la pasada administración para el continuo desarrollo de la entrada al Viejo San Juan. Sentí lo surreal de la situación casi de inmediato. El carril de bicicletas verde limón lateral a la avenida me hizo sentir como si estuviera de peatón dentro de Mario Kart. Y sin mencionar cuando pasó la guagua double decker roja, cuando me empecé a sentir como quizás se sienten los nuyorquinos al pasear por Times Square: es para turistas, no para nuyorquinos “de verdad”. Aunque el Viejo San Juan  a cierto nivel siempre ha mantenido esta estigma, nunca vi a Puerta de Tierra y el Escambrón así. Hasta ahora.

Seguimos por el paseo hasta llegar a la entrada del complejo del Hilton. El conglomerado de edificios tan cerca el uno al otro fue casi agobiante. La monotonía de color (todo es azul con crema) y la calles estrechas y confusas me dieron a parecer lo que pasa cuando se trata de desarrollar un espacio diminuto por 30 años: un despingue urbano.

Al pasar el área de hoteles, por fin llegamos a la entrada de Paseo Caribe. Aunque el complejo es relativamente nuevo, todavía mantiene un aura de construcción, que si no tienen cuidado, puede caer en estética de abandono. La entrada oficial al complejo me pareció como esos redondeles adentro de un castillo medieval de película: pisos de piedra, con dos o tres arboles (palmas, obvio), esparcidos en un intento a establecer una plaza pública. De hecho, me enteré de que algunos viernes hacen actividades como conciertos y exhibiciones de autos de lujo en esa entrada.

Pero al pasar un sábado al mediodía, lo primero que noté fueron espacios para tiendas vacías, algunas en medio de construcción. Éstas cubren los laterales de todo el primer piso de “la plaza”, hasta llegar a las escaleras automáticas al final.

Los anuncios promocionando los espacios comerciales parecen estar ofreciendo la oportunidad para negocios ser parte de un estilo de vida completo, más que un simple espacio comercial como en un mall. Pero ¿un estilo de vida para quién exactamente? Obviamente, el complejo está abierto al público general, pero si notamos de qué consiste la mayor parte del complejo, de apartamentos empezando en un millón de dólares, esto nos puede dar una pista de para quiénes realmente se están ofreciendo estas futuras cadenas del “buen vivir”.

Por favor hagan zoom al rostro de la pobre modelo de este anuncio promocionando los apartamentos. Si existiera una ilustración bajo la definición de “apatía privilegiada” en un diccionario, de seguro ésta sería su imagen. Estoy claro que la vista a la Laguna desde estos apartamentos debe ser impresionante, pero como toda adquisición por gente con chavos, su esplendor se pierde al convertirse en propiedad. Tenemos que recordar que estos son apartamentos, no un hotel. Me imagino que el que compraría dichos apartamentos debe de ser aquél que tiene diferentes hogares alrededor del mundo, llegando por medio de su avión privado a la pista de Isla Grande para un fin de semana en una isla tropical.

Al subir las escaleras hacia el segundo piso, nos topamos con la plazoleta del complejo, adecuadamente llamada El Mercado. Si de casualidad has entrado a la plazoleta del otro bastión de opulencia consumerista que es el Mall of San Juan, pues te darás cuenta que es básicamente la misma mierda. La única diferencia diría yo, es que El Mercado parece resaltar espacios de comida, bebida, postres entre otras cosas, por negocios y franquicias locales. Aunque también hay franquicias extranjeras, El Mercado parece enfocarse en dejar claro a todo el que entre por sus puertas que esto es un esfuerzo de “pueblo” y “para el pueblo”.

Por ejemplo, justo al entrar, lo primero que atrapa la vista es un mural ilustrando escenas de la vida cotidiana en la ciudad de San Juan. Se ve lo que parece ser el Viejo San Juan, Santurce, Barrio Obrero y hasta La Perla, en un cierto collage de estampas y situaciones de lo que le rodea al Paseo Caribe. Es casi como si dicho complejo tratara de legitimar su existencia diciendo, “¿Ves? Nosotros somos parte de ustedes y para ustedes, los que nos rodean”. Pero creo que nadie lo pudo haber dicho mejor que el que pareció ser uno de los dueños del sitio mientras le daba un tour a una gente ahí. Al acercarse a donde estábamos, proclamó solamente una frase lo suficientemente alto para yo escuchar: “This is not for the 1%, this is for EVERYBODY”.

Esa es la genialidad de El Mercado y de las otras actividades culturales que suceden en Paseo Caribe: su apropiación cultural es lo suficientemente auténtica tanto para complacer al público general puertorriqueño como al extranjero. Es esa ambivalencia, el que estás dentro de un modelo y espacio identificable pero a la misma vez foráneo, para AMBAS partes, lo que quizás pueda mejor resumir tanto el modelo de Paseo Caribe como nuestro estatus como país.

Dentro de todo el choque de paradojas y yo politizando la situación, tengo que admitir que toda la comida y productos que aprecié se veían frescos y de calidad, más que la pizza que me pedí se dejó comer sin problema. Me imagino que si tuviera chavos y estuviera “de paseo” con un date así todo romántico por el fuerte San Gerónimo, o después de una tarde de brincar desde el puente Dos Hermanos, El Mercado sonaría como una buena opción. También tienen una terraza afuera que da a la barra donde tienen la cortesía de proveer stands de ceniceros, así como en los viejos tiempos. Eso me gustó.

A fin de cuentas, el lujo que promete Paseo Caribe todavía no se ha llevado a cabo. Aunque El Mercado si parece estar terminado, todavía falta su complemento de tiendas y millonarios que ocupen sus apartamentos. Por lo tanto, el complejo como está ahora me puede vislumbrar el futuro de lo que puede ser uno de los mayores experimentos dentro de la paja mental que es el neo-liberalismo. Un experimento donde se puedan unir  los del 1% con el resto de la población viviendo una crisis fiscal, y poder beber, comer, comprar y ver espectáculos en harmonía. Y qué mejor lugar para lograr dicho paraíso que un país entero que poco a poco está siendo comprado por gente rica.

Pero a la vez, en el estado de vacante y construcción que todavía está el complejo, pues también me dio una visión de deterioro, de un fallido experimento que se dejó caer. Viendo el estado en el cual está el Normandie justo al lado del complejo, al igual que las políticas de austeridad y trickle down economics que han destruido los mercados durante la pasada década, esta premonición la veo como la más plausible.

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