Una cuadra, dos electrónicas, tres policías y una cajetilla de Winston: Crónica de una noche en Río Piedras

Por Landy Gomez y Maggie Shapiro

Fotos por José Martí

Hace alrededor de un año, cuando estábamos comenzando a trabajar en La Marginal, La Colmena, el espacio de ensayos y shows de la banda Las Abejas también estaba en sus comienzos. Para esta fecha, también ocurrió el primer show en La Colmena. Queriendo conmemorar estos aniversarios, les dejamos con este pequeño flashback de lo que ocurrió esa noche, una de las primeras contribuciones a La Marginal que recibimos.

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Un jueves hace poco, dos de nuestros corresponsales se encontraron en Río Piedras, con dos actividades simultáneas: la Noche de Sanación en la Colmena y un dance party en la panadería Baker’s Bakery. En la Colmena, se presentaron DemonSleeper, Prepucio Galáctico, Moreira, Dead Hands on a Piano y La Colectora. La fiesta de Baker’s contó con DJ sets de Payola y Porro.  

En vez de dividirse y cada uno ir a uno de los eventos, se pasaron la noche alternando entre los dos. Aquí les dejamos una crónica sobre (casi) todo lo acontecido.

Landy: Primero supe de La Colmena cuando un día random estaba subiendo las escaleras del Taller Secreto con Andrés (Re-Animadores), y me dijo que Jose Iván (Moreira/Las Abejas/Salvajes) había sub-alquilado el espacio de al lado para crear un estudio de música. Sabía que bandas practicaban ahí, pero no que ya estaba bautizado con un nombre, y menos que estaba listo para admitir gente. Esta info me la dio Gerry (Prepucio Galáctico/Salvajes), cuando me lo encontré en Baker’s la semana antes del show. Me dijo que iba a tocar en el primer concierto oficial de La Colmena, y que le cayera, que tenía un televisor viejo de esos de perilla y pensaba hacer ruido con él. Su plan era de “vaciar el sitio,” ya que estaba preparando un set de noise tan heavy de despingues electrónicos, que la gente no iba a poder aguantar presión. Inmediatamente me sentí intrigado, y tomé su advertencia como reto.

El día del show le caí temprano a Baker’s. Era verano, y mi presupuesto estaba sumamente limitado, así que decidí empezar con un vaso grande de Brugal a las rocas, estrategia de camello en el desierto, pero con alcohol para tiempos de escasez. Mientras me lo daba, ya Payola estaba poniendo música. Eran como las 9:30 pm, y no había mucha gente, solo tres o cuatro boys bailando frente al dj booth, Andy y par de los otros dones locales de Baker’s, una o dos parejas sentadas y yo en la barra. Pero con todo y eso, me dio un presentimiento, o mejor dicho, un omen de lo que se iba a formar esa noche: un dancefloor que pondría en vergüenza cualquier otra pista de baile en supuestos clubs del área Metro.

La electrónica que se tira Payola me recuerda a los teen movies de los 90, específicamente las escenas cuando el protagonista entra a una fiesta y hay como 60 personas bailando, pasándola cabrón. Pero, el protagonista es tan cool que entrar a una fiesta tan activá en busca de su significant other es parte de su vida común y corriente. No importa que no sea la música que escuchas, o si te crees cool o no, o que estés en una panadería en Río Piedras; la música que pone Payola hace que el ambiente te trague al club.

Continuaba en la barra bebiendo mi Brugal, cuando entró Maggie y se me sentó al lado.

Maggie: Yo había ido a la Colmena primero, y después de un ratito, le llegué a Baker’s. Estaba en el polo opuesto a Landy–sin entrar en detalle, estaba súper de mal humor por estupideces personales. Por ende, decidí beber.

Cuando estaba en la Colmena, todavía estaban montando todo, así que nos quedamos un rato en Baker’s, contemplando cómo se iba llenando la pista de baile. Me acuerdo hablar con Landy de que la cosa se estaba poniendo bien up in da club, aunque todavía no estaba súper lleno. A mí personalmente me encanta que existan espacios como Baker’s: cuando la música cambia de la bellonera a la de un DJ, el sitio se transforma por completo. Pero hay algo bien agradable de que un lugar que, de día tiene su elenco de personajes regulares (y que, hablando claro, sirve básicamente como la sede de La Marginal), puede servir un propósito completamente diferente. Está cabrón bailar “Blue Monday” (aunque pusieron una versión media algaro esa noche) frente a la vitrina de quesitos y tornillos.

Anyway, me senté a beber con Landy, me quejé un ratito, hablamos del concepto de los fuckboys, y eventualmente decidimos que teníamos que continuar nuestra misión periodística y lo seguimos para la Colmena.

Landy: Está Maggie… de que en LA MALA, PAPI. Me está bien interesante cómo la gente entra al jangueo cargando las experiencias del día. Pero, ¿para eso están los shows y jangueos no? Para beber, escuchar música y picharle a cualquier agobio cotidiano personal (la clásica de amor o chavos, o las dos a la vez). Pero sí, ya como a las 10pm lo que me presentía pasó: bailoteo full blast. De veinticinco a treinta personas sudando, con todo y eso que en Baker’s hay dos compresores de aire acondicionado, bajo música que te hace dejarlo todo en el dancefloor. Después de teorizar con Maggie sobre cómo en una panadería en Río Piedras de repente ocurrió una pista de baile, sugerí abandonar da club e irnos para la otra vertiente en tan solo la otra cuadra; rama cercana en método, pero lejos en modo y ejecución de sonidos electrónicos.  

Maggie: Cuando caminamos los 30 pasos a la Colmena, subimos y hacía un calor ridículo. Fuimos rápido a la barra y luego intentamos pararnos cerca de un abanico. Pero sabes que un show está bueno cuando literalmente sientes una diferencia de temperatura de como quince grados cuando entras al sitio.

Admito que nos perdimos el set de La Colectora, por ser unos irresponsables, pero no tardó mucho después de que llegamos en empezar Dead Hands on a Piano. Landy se fue directo para la parte del frente del cuartito donde se estaba presentando la música. Es el único área con aire en La Colmena, y es bastante pequeño. Ya para ese punto yo también había fumado, así que estaba un poco claustrofóbica y me quedé en la parte de atrás, sentada en el piso con par de panas.

Landy: Hubiese estado nice escuchar a La Colectora. Luego me contaron que hace noise utilizando cintas de cassette, alterándolas en vivo. Para la próxima obligao’.

El área donde están los instrumentos montados en La Colmena es un cuarto a puerta cerrada donde caben 15 personas como mucho. Es un espacio absurdamente pequeño si lo piensas cómo music venue, por lo que inmediatamente llegas a la conclusión de que estás compartiendo un ambiente íntimo con personas haciendo música, más que un sitio en donde janguiar y escuchar música. Las paredes cubiertas por foam pads para atrapar el sonido hace que la acústica del estrecho cuarto te haga sentir como si tuvieras unos headphones cangri puestos. Ese nivel de claridad es sumamente difícil encontrar en otros venues de música, así que ser una de las 15 personas que lograron entrar (el resto se quedaron en “la sala” de La Colmena) un poco especial. El set de Dead Hands fue uno de composiciones sumamente elaboradas en un paso de beats igual de acelerado, a lo Aphex Twin, donde el tripeo parece caer en saturar cada nota o acorde lo más humanamente posible, hasta que llega casi a ser una composición clásica. Piensa en si a Mozart le gustara el drum and bass. Algo así.               

Maggie: A mí el set me dio un poco de ansiedad. No fue tanto por la música, sino que como ya hemos establecido, estaba ebria y en un estado mental cuestionable, y me sentía un poco atrapada.

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Cuando Dead Hands terminó su set, volvimos al sauna de jangueo y rápido nos dimos cuenta que teníamos que salir al aire libre. Bajamos al Paseo de Diego, y mientras nos fumábamos los Winston que había comprado sólo porque no quedaban Marlboros (de nuevo, en la MALA), decidimos darnos la vuelta a Baker’s de nuevo. Habíamos estado en la Colmena por menos de una hora, pero eso dio tiempo suficiente a que la cosa se encendiera de verdad. La gente estaba sudando la misma cantidad en los dos sitios, pero en la panadería era porque ya el bailoteo había llegado a su apogeo.

Después de estar un rato allí, nos creímos los más rebeldes y nos fuimos con todo y tragos para la Colmena a ver el set de Moreira. De camino, le pasamos por el lado a unos policías, y ellos, ya sea por vagancia o buen karma, se hicieron los locos. No sé si era la nota o la felicidad de pasar desapercibidos, pero nos dio una pavera de como cinco minutos.

Esa noche Moreira tocó un set ambient un poco más íntimo de lo que son sus sets con banda completa, quizás por la intimidad del cuarto que ya comentamos. Contó mucho más con crear melodías via armonizaciones de su propia voz, usando loops. También tenía elementos percusivos casi tribales, pero obviamente con un twist electrónico.  

Después del set de Moreira, bajamos a la calle de nuevo. Estábamos ahí, fumando y hablando con unos panas que acababan de llegar, cuando vimos lo que fue o un chamaco borracho, o un tipo que se acababa de robar un carro, tirándose la Fast and Furious por la calle. Los mismos policías que ya nos habían pichado hicieron el aguaje de seguirlo y mirar la tablilla, pero veinte segundos más tarde, ya habían vuelto a su esquina, para seguir hablando mierda y chequeando sus celulares. Río Piedras, gotta love it.

Cuando se nos pasaron el shock y la risa de ese momento, subimos a ver el set de Prepucio Galáctico. Por más que nos había amenazado con que quería vaciar el sitio, los que estábamos allí estábamos gozando. No te puedo explicar en términos técnicos qué estaba haciendo, pero sé que era violento y ruidoso en la mejor manera posible. Creo que, como Landy, yo también había tomado su amenaza como un reto para quedarme el set entero, pero terminé disfrutándolo todo.

 

Landy: El set de Prepucio Galáctico estuvo en otras. Lo que quizás hace distintivo su noise es que Gerry también es baterista (actualmente de El Postre); demuestra una base marcada de beats en su noise. Este noise beat está acompañado de gritos, o coros, de una persona bien encojoná, pero quien a la vez la está pasando cabrón. En este aspecto me recordó un poco al punk rock y el garage, pero a lo Saicos, por ejemplo. Prepucio Galáctico también expone una energía agresiva y de joda, pero bajo una mezcolanza de sonidos y distorsiones al paso de beats profundos y hasta melódicos a veces. No me pregunten como, pero dichos beats progresaron a un cierto dembow ya para el final. O sea, música para perrear o tirarse un liriqueo intenso. En serio.    

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Maggie: Creo que después de esto volvimos a Baker’s de nuevo, pero sinceramente, aquí es donde la noche se pone un poco confusa.

Landy: Sí, creo que volvimos al up in da club de Baker’s. Pero no nos quedamos mucho rato, porque me acuerdo que volvimos a La Colmena a ver el set de DemonSleeper. Su música es más como un ambient noise, junto a composiciones cortas y repetitivas, medio Philip Glass; crean un trance o tono de meditación oscura, como si fuese el soundtrack para un cuento de literatura gótica. En realidad me fuí en un viaje, y su música es precisamente para eso.  

Maggie: Yo también me fui en un viaje en lo que tocaba DemonSleeper. Para mí su música está hecha para una sesión de meditación con David Lynch. Y, además de que me lo gocé musicalmente, también me pompeaba que hubiese una chica representando. No es noticia que en la escena puertorriqueña no hay tantas mujeres, pero, aunque DemonSleeper se nos fue a San Francisco hace años, es una de las más creativas y contundentes.

Anyway, luego volvimos a Baker’s hasta que cerraron. La aventura continuó en el Boricua, pero ya esas son cosas que no podemos contar aquí.

Landy: Yo ni me acuerdo haber ido al Boricua.

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